El agente secreto
Mireille Gansel es una escritora y traductora francesa pero ha conservado cierta familiaridad con el húngaro, el yiddish y el alemán, lenguas que mantuvo de su familia después de la persecución nazi. Ha traducido del alemán a numerosos poetas célebres, entre ellos la correspondencia de Paul Celan con Nelly Sachs. Casa nómade se organiza en torno a lo que la propia Gansel llama “el riesgo loco de la hospitalidad”, como una cadena de cobijos que damos y recibimos, en distintos momentos y con distintas personas, porque “la hospitalidad es volvernos también sus huéspedes”.
Toda traducción intenta volver habitable una lengua que nos es ajena, y en este caso lo hace también la materialidad del objeto que la alberga. Con los poemas en francés original y dos ilustraciones de Pedro Roth en la tapa y el interior, la edición está confeccionada con calidez artesanal: papeles de cartulina escocesa y uno de los dibujos estampado en serigrafía a dos tintas. En el prólogo, Horacio Máez, su traductor, cuenta que encontró el libro de Gansel en la librería Tschan, en París, donde su librera, Muriel, lo animó a que le escribiera. La autora recibió la propuesta con hospitalidad y agradecimiento, y su traducción ha sido un trabajo minucioso para que “el delicado fulgor de quien ha vivido intentando construir un lugar de cobijo sea respetado”.
Casa nómade es un libro de poesía en prosa donde se entremezclan vida, historia y traducción. Las frases fluyen sin puntuación; el guion final de cada poema es como un trazo caligráfico dibujado con la mano, una marca de apertura, las líneas de una ruta o los vagones de un tren.
El título del libro parece un oxímoron: una casa se puede encontrar en el movimiento de un lugar a otro, incluso en un vórtice de peligro: “parados al borde del acantilado de cara a los vientos agitados están en su propia casita”. Hay bellezas que hacen el mundo habitable, y Gansel, como esas aves que salen de noche para eludir a las gaviotas, está a la pesca de momentos bellos en la adversidad, busca su casa nómade a lo largo de aguas torrentosas: “la belleza es una casa en la que habitar quizás la primera quizás la única”.
En los poemas hay nombres de pensadores, poetas, artistas, deportados y exiliados, muchas veces también asesinados: “más fuertes que el viento glacial que soplaba del río, estaban esos poemas migrantes de todas las lenguas”. La poesía migrante aparece aquí como un abrigo ante la amenaza del viento, metáfora de protección de lo más frágil y humano. “Los poetas son los muros desnudos de la casa” y un poema es “una casa del alma”: la poesía como refugio de los que fueron expulsados de sus casas.
Una casa puede ser un anhelo, una tonada, un sabor, algo que está lejos, al final de un gran viaje, y es “como una correntada de luz después de una temprana infancia en las rutas del éxodo”. Una palabra intraducible también puede ser una casa y su traducción una forma de volverla habitable. Oustau es “casa” en el francés provenzal del sur, una palabra donde para Gansel “habita el corazón de la hospitalidad”. En alemán, Geause aparece en Walter Benjamin como refugio, casa de la infancia. En los poemas de Celan, la palabra Niemand —“nadie” — tiene un absoluto de ausencia que la hace diferente a personne en francés, que tiene la ambigüedad de ser “persona” o “nadie”. Gansel elige traducirla como nith-man —“hombre nadizado” —, en francés l’homme-neantisé. Traducir, parece decir, es buscar las palabras perdidas, construirles una casa.
Mireille Gansel, Casa nómade, traducción de Horacio Máez, Ninguna Orilla, 2025, 128 págs.
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