LITERATURA ARGENTINA

Para María Teresa Andruetto la poesía no es otra cosa que el lenguaje cargado de posibilidades, es intensidad en su estado pleno y ordena nuestro caos cotidiano. Cleofé es un libro coral, polifónico, donde las voces del árbol familiar se integran en un único presente. El diálogo entre madres e hijas a través de la historia de una familia migrante entre distintas localidades del interior argentino esboza una respuesta a la pregunta acerca de quiénes somos.

Y al mismo tiempo Cleofé es un libro sobre la memoria, una narración sobre el origen de los nombres que adoptamos desde antes de aparecer en el mundo y la repetición de escenas afectivas a lo largo del tiempo: relaciones epistolares entre amigos y familiares distantes, abandonos, mujeres llorando en soledad, vecinos que pierden el sentido de vivir, cenas íntimas, viajes en auto a través de la llanura atravesando el corazón del campo por rutas oscuras. Y caminatas que repiten rituales, a la manera de un secreto, unidas por un hilo sentimental. Así ocurre con “Para que fluya”: “Por el monte de las Ánimas, va / una madre con sus hijas, llevando / las cenizas de su madre. / La que ha muerto / amaba las cascadas, las flores amarillas, / las retamas. Hacia allá la llevan / las tres, hacia el nacimiento / del agua, la esparcen, para que fluya”. ¿Qué es lo que se repite entre generación y generación y de madres a hijas en estos poemas? ¿El aprendizaje de las diferentes formas del amor? ¿De las diferentes formas de la pérdida? ¿El aprendizaje de cómo nos reencontramos con nosotros mismos, y con los otros, a medida que los días pasan y de a poco envejecemos? ¿No seremos entonces más que el resultado de las decisiones de nuestros padres mediadas por el silencio y por circunstancias que apenas comprendemos? Quizá para Andruetto la poesía sea una excusa para comenzar una indagación de sí misma y de los demás, es un método íntimo con todas las contradicciones que podamos imaginar.

La pregunta por la identidad entraña otra: por la lengua que hablamos y los nombres con que nos presentamos ante la impresión de los otros. Escribir es una manera de resignificar los versos que nacen de la voz de Cleofé: “No sé quién soy / no tengo nombre”. Si hay un duelo que resuena de manera repetitiva e incansable en nuestro interior, tal vez la palabra poética sea la única capaz de repararlo y de llevarnos a un plano diferente de la experiencia. “Una nieta a su abuela”: “De los regalitos que te traje, / uno es una princesa (una ñusta) /de un lugar que ya no me acuerdo / cómo se llama, pero queda en Cuzco. / El otro es una semilla que encontré / en Humahuaca y el otro una piedrita / del lago Titicaca, para que sepas / que en cada lugar en el que estuve, / estuve pensando en vos”. Nada estaría escrito desde siempre; al contrario: todo está escribiéndose hacia delante, hacia las distintas posibilidades aún no imaginadas que nos ofrece el futuro.

En la obra de María Teresa Andruetto el poema es un refugio de la experiencia. Por más que al comenzar a escribir algo no sepamos muy bien sobre qué va a ser, existe una conexión directa entre lo escrito, los recuerdos, las vivencias y el lenguaje, y en esa continuidad la acción de la escritura conlleva entrar en un territorio personal en donde se restañan las heridas del pasado y se definen provisoriamente las coordenadas desde las cuales nos narraremos el porvenir.

 

María Teresa Andruetto, CleoféCaballo Negro Editora, 2017, 70 págs.

 

29 Mar, 2018
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