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Es un imperativo el que da título a esta plaquette, marcada por la urgencia de los tiempos. Ese imperativo es una exigencia, pero también un llamado. ¿Un llamado a qué? A salir del letargo de la inacción.
Alemian se planta ante el estupor que genera la actualidad de la política: critica, describe, se enoja, interpela, en poemas brevísimos que no superan, como máximo, una decena de versos. Es su estilo, pero un estilo que se juega aquí en una zona inesperada. Si antes Alemian mimaba ciertas formas lingüísticas de la publicidad, los discursos mediáticos, la tontería cotidiana, para hacerlos rebasar de sí mismos o por el nuevo contexto que es la poesía, o por su repetición, los sintagmas vienen ahora del lado de lo político.
Son pequeñas frases hechas, o cosas que todos sabemos, pero sometidas a un estilo impensado. Si el poema político se caracterizó tradicionalmente (sacando algunas excepciones) por los versos largos, las frases complejas, las largas enumeraciones o las construcciones paralelísticas, Manuel Alemian se inclina decididamente para el lado contrario: frases cortas, entonaciones emotivas de las frases, imágenes acotadas, situaciones presentadas a mínimo, incluso ese “devuélvannos todo” que aparece en varios poemas, casi a modo de estribillo. Se podría decir: un compilado de lo que algunos pensarían son los recursos de “lo lírico”.
Es justamente en el contraste entre esos recursos y la apelación o la enunciación directa que estos poemas adquieren su carácter explosivo, es decir, urgente, como en el poema “Gestión Milei” que adquiere su fuerza de la brevedad del dístico que la define con precisión y sin miserabilismo: “Días / sin comer”; o como en “Buenos días, Pueblo”: “Las ilusiones, / todavía, / no son derechos. / Los derechos, sí: / devuélvannos todo”; o en la descripción objetivista del poeta pobre: “Desayuno / y almuerzo / palta / con pan / integral / y sal”.
Es coherente con esa propuesta que se trate justamente de una plaqueta. Este modo, artesanal, de una editorial independiente, a medias entre el libro y el folleto, y además ubicado en este caso en el más álgido presente, desde su mismo formato se plantea en contra de los valores del capitalismo tardío, de los productos brillantes, pulidamente acabados del consumismo industrial, pero también de la banalidad y la inmediatez de las redes sociales. En ese borde se pregunta, por un lado, qué puede hacer la poesía en la coyuntura, por otro, qué formas arman otras posibilidades discursivas, y extrema la pregunta por lo poético. La poesía es entonces el trabajo que se ejerce sobre las frases de todos los días: si las saca un poco de contexto, las hace decir otra cosa. Ese gesto es ahora un regreso a cierto sentido que existía antes de que los modos del poder discursivo de las redes y los políticos recientes las arrancaran de la historia para que pasaran a significar casi su contrario, mediante esa operación central de la batalla cultural que es una perversión de las significaciones, pero también de los sentidos vividos como sentido de unas vidas (así memoria, justicia, derechos), y es también un reclamo, una demanda sin concesiones. “Devuélvannos todo” incluye, o es sobre todo, la exigencia de que nos sea devuelto el lenguaje, para hacer de él un uso justo, ya sea poético o histórico. En estas arenas presenta Alemián su lucha.
Manuel Alemián, ¡Devuélvannos todo!, Nebliplateada, 2025, 44 págs.
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