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La vida sin espectáculo

Leonardo Novak

LITERATURA ARGENTINA

La vida sin espectáculo, el segundo libro del escritor y guionista bonaerense Leonardo Novak, reúne cuatro relatos más o menos largos entre los cuales dos, por lo menos, coquetean con la novela corta. Este asunto de la extensión, apenas una peculiaridad cuantitativa, adquiere cierta relevancia estilística cuando empieza a notarse que el estiramiento de una acción inofensiva —en “Un deporte viejo”, entre el segundo pique de la pelota que da por concluido un punto de un partido de pádel y el primer saque que da comienzo al punto siguiente transcurren treinta y dos páginas de un paréntesis tan ajustado como insólito— es el trabajado andamiaje sobre el que se apoya la prosa y hace de la duración suspendida un engranaje medular de su avance. Desde “La fiesta”, el primer relato, en el que reencontrar a alguien al cabo de un tiempo y a partir de cierta edad sugiere la palabra “derrumbe”, y en el que en el contexto de una celebración se nos presenta casi de soslayo una tragedia personal y familiar por poco insoportable, y hasta “Pero si estoy muerto”, el último, en el que una nota escolar, su caligrafía, unas fotos encontradas en la calle y una viuda joven se entrelazan de un modo sorprendente, los hechos, las personas, sus relaciones y las cosas tienden engrosarse, subvertirse y disgregarse hasta la exageración, al ritmo de las comparaciones, las apreciaciones, los futuros posibles, los recuerdos y toda otra serie de apuntes mentales o materiales que el narrador alcanza a percibir, a imaginar y a historiar en unas letanías inmensas, delirantes, de cierta huella gris y fatalista, concatenadas en la página con enorme destreza, con suficiencia y acaso con vanidad, y de un modo dilatadamente generoso. Además de algunos personajes que se repiten y de ese atributo estilístico notable, cuya inoculación narrativa va ganando empuje y vigor a medida que se suceden los cuentos hasta dar esa impresión que Edgardo Scott subraya en la contratapa del libro, la de una escritura que incluye todo, los cuatro relatos parecen enhebrados por una paleta emocional asociada con las frustraciones, la desesperación, las partidas en falso y los sueños rotos de sus personajes; mientras que otra cuerda también recurrente los tensa hacia una sexualidad igualmente fallida —a veces sublimada por el uso de palabras cultas y otras veces vuelta hacia un prosaísmo desvergonzado—, que llega a conjugar los fantasmas eróticos de Gabriel y Silvina, la pareja protagonista de “El lechugazo”, con la imagen “fresca, lavada, mullida y bastante apetecible” de una hoja de lechuga criolla. De cierta autoconciencia burlona en relación con las “frases altisonantes, de pormenores exagerados e inútiles” que son su marca, sembrado de imágenes que suspenden las exuberancias palabrísticas justo antes de la monotonía —esos tipos en un vestuario envueltos en “capas aéreas de desodorante”—, los relatos de este libro tienen su argumento más sólido en la ajustadísima consumación de su estilo helicoidal, hiperbólico y, de algún modo, también espectacular.

 

Leonardo Novak, La vida sin espectáculo, Paradiso, 2019, 288 págs.

23 Ene, 2020
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