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Canciones para cada uno

Litto Nebbia

MÚSICA

Cuando se repasa el rock argentino durante 1977, uno de los años más oscuros del país, son inevitables A 18’ del sol de Spinetta y Películas, el segundo y último LP de La Máquina de Hacer Pájaros. ¿Y Litto Nebbia? Ese mismo año, con El vendedor de promesas, Nebbia cerró una trilogía de discos donde la canción quedaba subsumida a estructuras más extensas. Luego, grabó otro álbum, el doble Canciones para cada uno, con veinticinco eclécticos temas —algunos instrumentales—, siempre centrados en el formato más conciso en el que Nebbia mejor rendía y rinde.

Por motivos económicos, en 1978 el sello PMA sólo pudo lanzar un volumen que pasó desapercibido, en buena parte por la lista negra que llevó a Nebbia a recomenzar en México. Allí, la segunda parte del disco fue uno de los primeros lanzamientos del antecedente de su actual sello, que hace unos meses reeditó Canciones para cada uno como CD doble (en la década pasada se había publicado en España como parte de un box set), con un adecuado remastering a partir de vinilos impecables.

Canciones para cada uno exhibe relaciones de horizontalidad —eternamente inusuales en el rock argentino— que Nebbia desplegaba con músicos provenientes de otros géneros. Por las sesiones pasaron Domingo Cura, el Chivo Borraro, Analía Lovato, Dino Saluzzi, Manolo Juárez y Rodolfo Alchourrón: los últimos tres también aportaron composiciones, en un momento en que Nebbia era partícipe de los proyectos de ellos. La base rítmica seguía siendo Jorge González (contrabajo) y Néstor Astarita (batería y percusión), con quienes Nebbia había encarado la mayoría de sus discos desde Muerte en la catedral en 1973, año del que se incluyen como bonus tracks cuatro registros en vivo —incluido un inédito—, con un audio más histórico que estético pero que certifica lo peculiar de ese trío.

Nebbia podía tanto homenajear con un tema a Saluzzi como incluir una canción que este y la poeta Mirtha Defilpo —por entonces, pareja y colaboradora de Nebbia— escribieron para José María, hijo del salteño y hoy un destacado guitarrista; escribir un instrumental para el lucimiento de Astarita, o grabar una composición que le había dedicado Daniel Homer, su coequiper en Bazar de los milagros (1976), con quien ha vuelto a tocar y grabar recientemente.

Pero hay un amor supremo: la música, como queda claro en “Querida Miuisi”, una de tantas canciones perfectas marca Nebbia, con uno de los primeros registros de un sinte imitando a un bandoneón. El trío también condensa la búsqueda progresiva de los últimos años en “Todo comienza y termina”, suma a Borraro para un dúo entre Nebbia y Defilpo en plan comedia musical en “Frente al portal”, y junto con Saluzzi plasma en “Pájaros de la tarde de Buenos Aires” un momento a la par de Invisible y Rodolfo Mederos —otro vínculo de Nebbia por aquel entonces— en “Las golondrinas de Plaza de Mayo”; mientras que los aires de candombe y los cambios de métrica de “Gema” podrían convocar a los pájaros de la plaza de Cagancha en Montevideo o a cualquier fan de Opa.

También hay señales del futuro: “Lo pequeño y concentrado”, “Tú vas a ser (You’re Gonna Be)” y “La única prueba” anticipan, respectivamente, las búsquedas de Toda canción será plegaria (último trabajo de Nebbia y Defilpo), The Naked Word (el Only Love Can Sustain de Nebbia, reeditado con el anterior en otro doble CD) y Solo piano vol. 1. Además, un puñado de canciones serían regrabadas en las últimas dos décadas, como la descarnada “El amor después de la muerte”.

En plena celebración de Nebbia por sus cinco décadas con el disco, que él prefiere llamar —con razones atendibles y tomando prestada del cine la teoría del autor— cincuenta años de rock argentino, Canciones para cada uno, más que un álbum de culto, sigue siendo un hueco en las discotecas de público, críticos y músicos. Hay otra historia.

 

Litto Nebbia, Canciones para cada uno, volúmenes 1 y 2, reedición, Melopea, 2014.

30 Jul, 2015
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