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Last Tango in Berlin

Ute Lemper

MÚSICA

El último sábado de septiembre, la ENERC proyectaba en fílmico Marruecos (1930), como parte de la retrospectiva dedicada al trabajo de Marlene Dietrich con el director Josef Von Sternberg. A la misma hora volvía a subirse a un escenario porteño Ute Lemper, quien, claro, invocaría el aura de la Dietrich, uno de tantos roles que hizo suyos durante más de treinta años de carrera.

Lemper puede conjurar de manera fascinante distintas personas o estados de ánimo y seguir siendo siempre ella misma; o, mejor dicho, una colección de máscaras y moods que cambia a discreción. Puede repetir speechs que se escuchan en un disco en vivo sin que suene guionada o transmitir la misma sensación de entrega en el ND Ateneo que en alguna prestigiosa sala extranjera. Es una cantante de técnica depurada (algo que Dietrich o Edith Piaf, homenajeada en el bis, jamás pretendieron tener), que encarna íconos y estilos populares de Europa y Estados Unidos en una mímesis —lo que incluye también imitar un instrumento de viento con sordina— y logra eludir la frialdad clínica.

Este show, en el que la acompañaron el pianista Vana Gierig y el bandoneonista argentino radicado en Francia Víctor Villena, fue un caso testigo. Anunciado como Last Tango in Berlin y con menciones a Piazzolla y Neruda en la promoción, se hizo a sala llena (si bien es cierto que Lemper ha sabido presentarse en recintos más grandes). No obstante, luego de abrir con “Stiller Abend”, una canción en yiddish con un estribillo que era (que nadie se espante) un cuartetazo neto por la conjunción entre la armonía y el timbre, Lemper anunció que se venían varios estrenos mundiales. (Aunque contó que tenía terminado un disco con letras de Paulo Coelho —y pensar que hace quince años le escribía temas Elvis Costello—, no adelantó nada de él).

Y así, después de trazar una historia paralela entre clásicos de la Dietrich (las canciones compuestas por Friedrich Hollaender “Illusions” y “They Call Me Naughty Lola”—difícil no sentirse como el profesor de El ángel azul, proyectada la noche anterior en el ciclo de la ENERC—, además de “Lili Marlene”) y las esperanzas y penares de esos años que abarcan desde la República de Weimar hasta la posguerra inmediata, Lemper ofreció varios temas que había ido rastreando por distintas partes del globo y que provenían de los campos de concentración: “Casi olvidadas, pero para mí, canciones de eternidad”, dijo. Entre ellas, “un tango polaco” que se había convertido, con una nueva letra escrita por prisioneros, en un “tango de Auschwitz”, con chan-chán incluido. El público murmuró incómodo; no se sabe si por lo primero o por lo segundo. No sorprende que el show se haya vendido prometiendo otro programa: habría sido más fácil decir que Ute Lemper presentaba su versión de Primavera para Hitler. No obstante, la cantante pegó el volantazo para la segunda mitad del show sin banalizar lo que se acababa de escuchar ni oscurecer el resto del repertorio.

De Piazzolla sólo interpretó “Los pájaros perdidos”, seguida por tres canciones a partir de poemas de Neruda. Por elección estética, o por mayor comodidad cuando canta en castellano con sus propias melodías que con las de Piazzolla, lo cierto es que con el texto de Mario Trejo sonó como el Pato Donald. “El viento en la isla” resultó el mejor momento inspirado en el poeta chileno, gracias al modo en que Villena logró convertir su fuelle, abriéndolo lo más posible, en una fuerza de la naturaleza: sonido puro.

Gierig y Villena fueron una versión reducida de su grupo habitual, pero nunca se quedaron cortos. No deja de llamar la atención cómo el bandoneón se adapta a distintos géneros, como en el medley final, por el que pasaron canciones de Cabaret, “Moondance” (de Van Morrison) y temas de Weill y Brecht, especialmente “Mack the Knife”, en el que ella invitó al público a silbar, otra de sus rutinas. Pero la audiencia no terminó de entregarse al juego: justo le viene a pasar esto a Ute Lemper, la gran simuladora.

 

Ute Lemper, Last Tango in Berlin, ND Ateneo, Buenos Aires, 26 de septiembre de 2015.

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