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MÚSICA

¿Qué es una novedad? ¿Cuáles son los elementos, las variables, con que hoy se define lo “nuevo” en el vasto mundo musical, arrasado por las listas de Spotify y los singles que duran un soplo en la nube antes de que aparezca otro y los reemplace vorazmente? ¿Cómo se piensa hoy, en definitiva, una novedad en la aparente disponibilidad de todo?

La escucha integral de la música entró hace tiempo en una suerte de triángulo de las Bermudas ante la jerarquización impuesta por los algoritmos, la caída de la crítica periodística y los nuevos usos del streaming. Tal vez por eso los conciertos en vivo siguen siendo el caballito de batalla de las productoras en el universo pospandémico, incluyendo la batería tecnológica y el despliegue visual de esta época en la conexión directa artista-público.

¿Qué lugar tiene el disco, entonces, en un contexto de audición fragmentada y de frágil predisposición a la escucha profunda y atenta? ¿Existe acaso cada vez menos espacio y más rechazo hacia aquellas obras irradiadas por un concepto estético de mayor duración, a la luz de un conjunto nutrido de varios temas que ya nadie pareciera soportar?

Camaradas, de hecho, no es ninguna novedad: es un disco que salió a fines de 2022, se editó en físico por Acqua Records y poco después naufragó en las plataformas. Es difícil dar cuenta de cómo uno llega a cautivarse por un disco en la era de las novedades efímeras y de las infinitas ofertas del consumo virtual, pero tal es su potencia tanguera que es imposible disociarse de escucharlo en sus diez hipnóticos temas. Apenas entra por los oídos la fusión entre la orquesta El Arranque y la expertise enamorada del bandoneonista Víctor Lavallén, se disfruta como una celebración de la mezcla generacional en el rescate de dos autores esenciales del género: Emilio Balcarce y Julián Plaza.

El disco, entonces, como una gran reunión entre camaradas, maestros y discípulos. En más de veinticinco años de existencia, El Arranque bregó por colaborar con grandes creadores de la tradición tanguera: Leopoldo Federico, Nelly Omar, Raúl Garello, Julio Pane, Néstor Marconi, y amplió incluso el radio de acción al jazz y la música rioplatense con Winton Marsalis, Fernando Cabrera y Leo Maslíah. Camaradas, su noveno disco, se gestó por una serie de colaboraciones con Lavallén expandida en los lenguajes estilísticos de Balcarce y Plaza, grandes camaradas de Víctor en la orquesta de Pugliese y luego con el Sexteto Tango.

El tiempo de ensayos, de tocarlo y de grabarlo, según los partícipes de Camaradas, se extendió por años. Otra arista que parece de una época lejana: las condiciones de producción del presente, al igual que la escucha, suelen ser vertiginosas, altisonantes, apuradas. Trabajar el material en detalle resuena, de hecho, como una diferencia. Entusiasta y respetuoso de los arreglos de El Arranque, cuentan que Lavallén se empezó a meter en las bases rítmicas y a calibrar las voces armónicas de cada tema. Anacronismo de anacronismo: Lavallén traía la época de Pugliese, aquella en que el pianista se pasaba horas resolviendo dos compases, donde lo que llegaba en papel se pulía obsesivamente en el laboratorio intenso de la orquesta.

Así se luce Camaradas: un sonido detallista y elegante a partir de un comienzo algo Piazzola con “Sideral” —no casualmente Astor lo grabó con su octeto—, de Emiliano Balcarce; con el esplendor de la orquesta en “Disonante”, “Magia porteña” y “Melancólico”; con la breve lírica de la canción en “Cuando caigan las hojas”, “Vamos tropilla” y la lúdica “Qué habrá sido de Lucía”, con voz de Juan Villareal.

No hay tema por fuera de un ajustado swing tanguero, alimentado de fraseos, marcaciones y dinámicas, como el bello vals “Criollito” de Julián Plaza. La fuerza espiritual de los solos de Lavallén resulta un toque distintivo, tan estridente como refinado, brillando en la evocación de sus amigos y en los giros de su fueye emotivo, dulce, entrañable, como en el arranque de “Sitano” y el cierre elegíaco del disco con “Expresivo”, tema que se escucha como una síntesis perfecta de cómo la tradición respira en los arreglos modernos flotando sobre la base rítmica orquestal.

Plaza, Lavallén y Balcarce: tres arregladores fundamentales de los sesenta, capítulos fundamentales en la historia del tango. “Víctor quedó feliz con el resultado. Sabemos que es un tipo muy sincero, nunca dice que algo le gusta si no le gusta o cambia una opinión por quedar bien con otro”, apunta el contrabajista Ignacio Varchausky, uno de los fundadores de El Arranque, una especie de dream team en el que también brillan instrumentistas, compositores y arregladores como Camilo Ferrero, Pablo Jaurena y Ariel Rodríguez.

El traspaso de una llama a otra. Así también se puede escuchar Camaradas, un disco tan disfrutable en la escucha como para bailarlo en las milongas evocando un espíritu pugliesiano. Nada sobra ni nada falta en ese fuego colectivo, algo así como Pugliese por El Arranque, una de las agrupaciones medulares del tango contemporáneo y la orquesta joven más vieja, que homenajea en vida a maestros como Víctor Lavallén.

 

Víctor Lavallén y El Arranque, Camaradas, 2022, Acqua Records.

 

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