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Sing to God

Cardiacs

MÚSICA

La literatura es pródiga en esas situaciones: un manuscrito o un viejo libro es encontrado por azar y se convierte en una máquina narrativa que define el campo de posibilidades de un género, invita a releer su futuro y, también, el pasado escrito. Ni en ficción podría hoy la música, al parecer, ofrecernos semejante posibilidad iluminadora y sorpresiva en un universo tan hiperproliferante y de múltiples formatos. Creemos, por lo general, que lo sabemos todo sobre lo que ha sucedido, y el futuro (¿futuro?) nos suena a más de lo mismo. Pero en ese momento quizá tiene lugar el hallazgo casual y desestabilizador. Un objeto ha sido descubierto por albur (en ese baúl sin fondo que es la red) y tiene la fuerza de una epifanía. A mí eso me sucedió con Cardiacs, un grupo tan desconocido como idolatrado que se inició en 1977 y que, a través de diferentes mutaciones, llegó hasta 2008, apropiándose a su paso del punk, la new wave, el ska y el rock progresivo; de Zappa, los Beatles, el mejor Queen y el renacimiento inglés. La imagen del “secreto mejor guardado”, repetida como mantra banal por cierta jerga periodística, encuentra con los Cardiacs una justa y vindicatoria utilización. Nada debería ser igual después de escuchar al grupo que ha liderado el genial guitarrista y compositor Tim Smith.

Cardiacs grabó diez álbumes a través de Alphabet Business Concern, una compañía imaginaria formada a la manera de la Cryptic Corporation de The Residents. Sus presentaciones en vivo tenían algo del teatro del absurdo, mezclado con un virtuosismo instrumental arrollador. Siempre se mantuvieron en los márgenes más recónditos de la escena independiente británica. “¿Quién demonios son estos?”, llegó a preguntarse, azorado, John Peel, el gran programador de la radio inglesa, cuyo paladar se había refinado con lo mejor y más audaz de la década del setenta. Thom Yorke, Mike Patton y el primer Blur lo sabían muy bien. Para ellos, Smith es un coloso.

En julio salió al mercado la versión en vinilo de 180 gramos de Sing to God, un disco doble editado en 1996 y que es considerado la obra maestra de Cardiacs. Smith, ayudado en esta caso por Jon Poole, demuestra hasta qué punto un estudio puede convertirse en el instrumento de composición. Acá hay de todo. “Es como Sgt Pepper tocado por la London Simphony Orchestra dirigida por Frank Zappa en speed”, lo definieron en un blog. Otro lo comparó con el disco seminal de Pink Floyd: The Piper at the Gates of Dawn. La referencia siempre es alta. Semejantes ponderaciones no pasan por alto el carácter hilarante de los textos, mezcla de crítica descarnada de la vida inglesa y cut-up.

Cardiacs llegó poco y nada a la televisión. La prensa musical los encontró tan inclasificables como odiosos por su pretensión de superioridad moral. Ahora, con el tiempo, se puede entender mejor el lugar que merecen. Siempre le preguntaron lo mismo a Smith: si él era un músico progresivo. Y él siempre respondió: “Hago canciones pop”. Cardiacs ha vuelto también a editar por las suyas los bellísimos discos anteriores, Big Ship (1986), A Little Man and a House and the Whole World Window (1988), On Land and in the Sea (1989) y Guns (1999). Algunos de los videos del grupo en YouTube tienen hasta cien mil visitas. Muchos quieren saber cómo era y cómo sonaba Cardiacs, ese grupo que entró en receso desde que Smith sufriera en 2008 un ataque al corazón.

 

Cardiacs, Sing to God, Alphabet Business Concern, 2014.

25 Sep, 2014
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