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MÚSICA

Las etiquetas suelen ser una condena para los músicos. No es así para The Flaming Lips, cuya música es usualmente catalogada como “pop psicodélico”. En vez de resultar una carga, la obligación de cumplir con un determinado papel o expectativa funciona para la banda de Oklahoma como la excusa ideal para desplegar un juego irónico y potente. Es que, con The Flaming Lips, nunca queda claro si se han tomado la definición recibida demasiado en serio o si, por el contrario, le están faltando el respeto sistemáticamente.

¿De qué se trata este “pop psicodélico”? Es la fórmula que hace posible el hit radial de los años dos mil “Yoshimi Battles the Pink Robots Part 1”, una delirante historia de ciencia ficción adornada de efectos varios, sintetizadores y beats electrónicos, en la que una chica experta en karate resulta ser la única salvación posible frente a la terrible amenaza de unos malvados robots de color rosa. Pero es también la justificación de exploraciones como la de la “Twenty-Four Hour Song” –es decir, una canción de un día entero de duración– o la regrabación integral de Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Como le sucedía a Pierre Menard, The Flaming Lips se embarca en proyectos inmensos, ridículos y entrañables. El acto fallido no es, en consecuencia, un riesgo, sino una necesidad.

Nueva contribución a la confusión general, su último álbum, The Terror, parece un retrato de la etapa menos bonita de la psicodelia: la paranoia. Las flores pop se transforman en oscuros paisajes, poblados de sonidos sintéticos, voces quebradas y guitarras cortantes. En palabras del cantante Wayne Coyne: “Queremos, o queríamos, creer que sin amor desapareceríamos […]. El Terror es, lo sabemos ahora, que aún sin amor la vida continúa… simplemente continuamos… no existe la muerte piadosa”. No es extraño que The Terror sea un disco frío, arisco, agresivo: a nadie le gusta darse cuenta de que “estás solo” (“You Are Alone”).

Sin embargo, o quizá por su misma lógica, The Terror también se convierte por momentos en un disco repetitivo, disperso e irregular. Es probable que no se trate de uno de los puntos más altos de la carrera de la banda. No es, con seguridad, su trabajo más fácil o accesible. Y es entonces cuando la etiqueta les termina jugando a favor. The Flaming Lips se aprovecha de ella y, bajo la fachada luminosa de un pop de efectos y sensaciones, disfraza un lenguaje confuso y perturbado. Todo está dispuesto para los hits de tres minutos, pero lo que sale por los parlantes es una música experimental, con sonidos extraños y nada parecido a un estribillo. “Miren, el sol está saliendo, ¿qué nos amará ahora?”, cantan en “Look… The Sun is Rising”. Algunos se quedan mirando el dedo que los apunta.

 

The Flaming Lips, The Terror, Warner – Bella Union, 2013.

14 Nov, 2013
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