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Diez de diciembre

George Saunders

OTRAS LITERATURAS

Después de dar vuelta a la última página de este libro, salté de mi sofá para releer Guerracivilandia en ruinas (1996), cuya primera lectura me impactó como un meteorito que sigue hundiéndose en mi superficie craneal. Aunque muchos de sus lectores insistan en que, hasta ahora, el último de George Saunders es el mejor, su ópera prima tiene un pequeño altar con velas ante el cual un clan de Oompa Loompas hacen reverencias todas las noches en los pasadizos acolchonados de mi cerebro (junto a Pájaros de América de Lorrie Moore y Razones para vivir de Amy Hempel) como un libro-mundo, y no como una flota de cuentos formidables y aterradores lanzados al espacio en busca de un planeta que colonizar.

Diez de diciembre no es exactamente un libro mejor que aquel, sino una consolidación, porque aquí nos encontramos de nuevo con esa memoria eidética con la que Saunders recrea las expectativas, las ilusiones, las esperanzas de sus personajes (no siempre outsiders, perdedores, marginales, sino también gente trabajadora, mujeres y adolescentes), cuya distancia con la realidad comienza a ser preocupante, cómica y casi siempre perturbadora. Sus monólogos interiores y el contrapunto de las voces de los personajes en “Vuelta de honor”(donde una adolescente con aires de superioridad es salvada de un intento de secuestro por un joven vecino enamorado de ella) y “Cachorro” (una mujer que proviene de una familia disfuncional se deja llevar por la hipocresía cuando se encuentra con una familia similar a la suya) exhiben la habilidad de Saunders para traer a la vida esa ansiedad de clase que aparece en todos sus relatos, formulada con una receta alquímica que lo aleja del realismo sucio. Y esta consiste en unos diálogos de ventrílocuo gonzo y una saludable contaminación de las tradiciones del grotesco y la ciencia ficción, como en los relatos “Los diarios de las Chicas Sémplica” (un padre de familia tiene un golpe de suerte que simultáneamente será su condena) y “Escapar de la Cabeza de Araña”(un hombre sometido a un experimento científico con reminiscencias huxleyanas). Y, sobre todo, la pirotecnia lingüística. Así es como nos encontramos con una gramática entrecortada, balbuceante, en el dietario de un padre en “Los diarios de las Chicas Sémplica”;con la jerga arcaizante de “Mi debacle como hidalgo” (un hombre ve a su jefe violando a otra empleada en un parque temático que, por cierto, recuerda bastante a los que son el escenario de “Guerracivilandia en ruinas”y“El generador de olas falló”); con el lenguaje corporativo y protocolar en “Exhortación”; o con la repetición constante del “Gracias por tu servicios” a Mike, un veterano de guerra con síndrome de estrés postraumático, en “A casa”.

Finalmente, debo reconocer que (salvo alguna nota al pie que quizás estaba de más) el traductor ha cumplido con la misión secreta, ese mandamiento en lengua extranjera que le encomendaron estos cuentos formidables cuando aparecieron en el fondo del cielo de la Tierra: Take me to your leader. Y sí, digamos que Ben Clark lo hizo.

 

George Saunders, Diez de diciembre, traducción de Ben Clark, Alfabia, 2013, 280 págs.

1 May, 2014
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