OTRAS LITERATURAS

Hay diarios de todo tipo. Están los que funcionan como una catarsis, como una baulera, como una suma de ensayos camuflados, como un ejercicio de escritura. Los que amuchan un registro de lecturas, enfermedades, malestares, catástrofes planetarias o derrumbes personales. Otros son un boceto, un juego, un memorándum, un testimonio, una construcción ad hoc, un mecanismo de supervivencia. Y está Kronos, el diario que Gombrowicz escribió en paralelo a su Diario, ese que fue publicando por entregas entre 1953 y 1969.

Desconocido por el público y (casi todos) los investigadores, se editó por primera vez en 2013, en Polonia, donde se convirtió en un bestseller. No porque allá Gombrowicz sea leído en la escuela secundaria (con la pasión con la que los chicos en Argentina leen a Ascasubi o a José Hernández), sino porque una operación de marketing muy audaz lo catalogó como una especie de panfleto pornográfico, escandaloso y amarillista, cosa que no es.

Kronos es un raro, un atípico, eso sí. Pero no es para cualquiera. Y no lo digo como un planteo elitista, sino por el hecho de que no tiene mucho sentido leerlo si no se tienen algunas lecturas previas para contextualizarlo. Es, inclusive para los especialistas, difícil de entender sin el aparato de citas que lo acompaña, desarrollado por las dos personas que más saben de Gombrowicz (Jerzy Jarzębski y Klementyna Suchanow), y luego adaptado por sus traductores al español (Bożena Zaboklicka y Pau Freixa).

Si en su Diario Gombrowicz hace todo eso que fue dicho al comienzo, pareciera que en Kronos se desata. Se libera del formato más o menos tradicional (ese que aprendió leyendo a André Gide), pero también de la presión inmediata de los lectores, del qué dirán. En esencia habla más o menos de lo mismo, pero el fantasma de lo íntimo sobrevuela cada página, con el morbo que eso implica. Hay un poco de literatura, unos cuantos lugares físicos (casas, bares, viajes, hospitales), comentarios sobre su situación económica, su salud siempre precaria, sus borracheras. Si el Diario es provocador y formal, Kronos es desprolijo y exhibicionista, y pone al lector en posición de voyeur.

No está estructurado por una narración, sino por palabras sueltas, oraciones unimembres o, en algunos pocos casos, por textos realmente breves, concisos, puntuales. Resúmenes, digamos. Escrito al dorso de las hojas del Banco Polaco, está organizado por años, por columnas, por temas, y más que un diario parece una agenda retrospectiva en la que Gombrowicz va dejando asentados hechos que a veces desarrolla en otra parte. Y lo que probablemente llame más la atención (lo que generó un revuelo enorme en Polonia) es la explicitación de su vida sexual (prolífica, muy variada), de la que va dejando consignados los nombres y oficios de muchas de las personas con las que tuvo relaciones.

¿Es Kronos más fiel y menos ficticio que el Diario? Probablemente sí, pero no podría asegurarlo. En todo caso hay una intencionalidad de mostrarse más honesto, aunque a Gombrowicz no hay que creerle nunca nada.

Rita Gombrowicz, su viuda (una María Kodama buena y querida), cuenta que se enteró de la existencia de Kronos poco tiempo antes de la muerte de su marido, cuando él se lo mostró y le explicó qué eran todas esas hojas escritas a mano, con dibujos, y tachaduras, y una letra a veces ilegible. Y dice Rita que Gombrowicz le pidió que, si alguna vez la casa se prendía fuego, rescatara esos papeles antes de salir corriendo. Si fuera así (si le creyéramos a Rita), no podemos no tener en cuenta que Gombrowicz contaba con que su manuscrito se publicara post mortem, que es lo mismo que decir que mientras lo escribía seguía pensando en sus lectores posibles, manteniendo ese juego de máscaras que siempre lo caracterizó en cada uno de sus libros.

A fines prácticos, si Gombrowicz es honesto o no, si hace ficción o escribe pura realidad, si miente o dice la verdad, da igual. Kronos es un Gombrowicz genuino. Incómodo, desubicado, difícil de encasillar. La posibilidad de volver a leerlo, entenderlo, discutirlo, pensarlo y pensarnos a nosotros mismos en relación con todo eso que nos pasa cuando lo dejamos.

Witold Gombrowicz, Kronos, prólogo de Rita Gombrowicz y traducción de Bożena Zaboklicka y Pau Freixa, El Cuenco de Plata, 2020, 336 págs.

11 Feb, 2021
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