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Saliendo de la estación de Atocha

Ben Lerner

OTRAS LITERATURAS

Quizás el enorme éxito crítico de Saliendo de la estación de Atocha pueda atribuirse al lirismo de su prosa, que recuerda al lector cuán buen poeta es Ben Lerner, no menos que a la inteligencia de sus reflexiones sobre la literatura y la vida. Parece evidente, sin embargo, que el principal mérito de la obra es su ligereza, lo que señala una debilidad del libro, en particular si se lo compara con otra novela reciente de un escritor norteamericano joven y de tema similar: Ciudad abierta, de Teju Cole. De forma nada complaciente, también Cole se ocupaba de “las intersecciones del arte y la realidad en la vida contemporánea” (John Ashbery sobre el libro de Ben Lerner), reflexionando acerca de cómo las ciudades modernas, y en particular Nueva York tras el 11 de setiembre, no son ya la culminación de un proyecto moral y estético sino el escenario de unas existencias rotas; en Saliendo de la estación de Atocha, por el contrario, la ciudad es la superficie de proyección de los deseos del turista. En la novela de Cole, nada nos permitía recordar que estábamos en la misma ciudad narrada por Woody Allen en sus mejores filmes; en la de Lerner, Madrid es, incluso durante los atentados del 11 de marzo, un sitio placentero donde la gente bebe cerveza y participa en manifestaciones pacíficas que siempre concluyen con alguna fiesta privada. Si la novela de Cole incomodaba al visitante de Nueva York, la de Lerner empuja a sus lectores a comprar un pasaje a Madrid: está bellamente narrada, tiene reflexiones originales y potentes sobre el arte y la vida, un poco de testimonio político, algo de drogas y una historia de amor, al punto de que la mezcla acaba pareciendo al lector tan tramposa como los poemas de Adam Gordon, su protagonista, el joven escritor estadounidense que pretende escribir “un largo poema de investigación” sobre la Guerra Civil española y hace trampas: compone sonrisas ambiguas cuando se le habla en español y no entiende, miente sobre filmes que no ha visto, hace pasar por propios los poemas de Federico García Lorca que traduce al español de una edición en inglés para luego volver a traducirlos, con las pérdidas y transformaciones del caso. Por supuesto, la literatura consiste en trampas. No es precisamente esto lo que se le debe reprochar a Ben Lerner, sino el haber olvidado que la literatura debería proponerse algo más que satisfacer a unas audiencias que, no habiéndoseles prometido nada, reciben más de lo que podían esperar.

 

Ben Lerner, Saliendo de la estación de Atocha, traducción de Cruz Rodríguez Juiz, Mondadori, 197 págs.

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