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En 1982, el gobierno comunista argentino intenta recuperar las islas Malvinas en una acción antiimperialista destinada al fracaso; una de sus consecuencias es que Estados Unidos, con una tecnología nueva, inunda completamente la ciudad de Buenos Aires. La población es evacuada a tiempo y Rosario se erige como nueva capital del país. Hay otros Estados comunistas en la región y la dinámica de espionaje y exhibición de poder tecnológico por parte de las potencias enfrentadas tiene al mundo en frágil equilibrio.
Algunos años más tarde, desde la nueva capital, los protagonistas de esta peculiar ucronía emprenden un viaje en secreto hacia una Buenos Aires desierta, para investigar a los figuritas, suerte de roedores biodiseñados por China “como herramienta de mantenimiento urbano”, que se alimentan de desecho orgánico. Pero la ciudad no está completamente vacía, allí vive una comunidad de artistas —los Nos vemos mañana— que cultivan hongos alucinógenos y pintan grafitis por todas partes. Los grupos se organizan para convivir, amenazados por la constante presencia de los figuritas, capaces de matar, como hicieron con el poeta Mondragón, y cuyo comportamiento sugiere además que no son meros diseños biotécnicos. La narradora y protagonista escribe su relato desde un presente de encierro, recluida en una casa en las sierras de Córdoba entre oscuros intereses políticos, científicos y religiosos, acusada de traición, crimen y tráfico de estupefacientes al tiempo que reivindicada por su vínculo con el llamado “sueño lúcido”.
En su gusto por la creación de mundos alternativos, la ciencia ficción siempre corre el riesgo de enredarse en sus propios presupuestos, mucho más cuando ellos ramifican una realidad imaginaria que, al tiempo que se requiere compleja, debe ser verosímil. La idea de que los mundos imaginarios más o menos coherentes exigen una enciclopedia ya la propuso Borges en el relato inaugural de su Ficciones.
Sin la desmesura de los creadores de Tlön, el ambicioso universo que Darío Steimberg construye en Los figuritas sale airoso del caleidoscopio gracias a la sólida estructura de la novela, que incluye apéndices para iluminar los resortes de esa realidad alternativa abriendo puertas a nuevos interrogantes.
Con su gusto por las citas del sistema de referencias de la intelectualidad porteña de fines del siglo XX, la novela tiene aires de obra generacional, que cierto tinte nostálgico refuerza. La prosa impecable, con pasajes de gran pericia técnica, hace de Los figuritas una primera novela que, pese a sus ganas de decirlo todo, acierta en decir lo necesario.
Darío Steimberg, Los figuritas, El Gato y la Caja, 2025, 264 págs.
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