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Un hombre es atropellado, pero no se trata de un accidente. O por lo menos no del todo. Cuando el conductor y su acompañante descienden del auto para ver cómo se encuentra su víctima, el hombre abre los ojos y los increpa. Solloza. Se arrastra. Se desespera. Los estaba esperando. En el auto viajan el presidente de una gran compañía y uno de sus principales ejecutivos. El atropellado es un ex-empleado recientemente despedido y, desde entonces, desamparado.
“Mi esposa me dejó y mis hijos tienen hambre”, les dice. “Soy un empleado fundador; en seis años jamás falté un día al trabajo”, les dice. Desde el suelo y entre sollozos, aferrado a los pies del presidente de la empresa, se jacta de su eficiencia y de que gracias a él la mercadería defectuosa no pasa del 0,008%. Ante la indiferencia corporativa, el hombre se saca la campera, levanta su musculosa blanca para revelar su abdomen y comienza a mutilarse con cortes horizontales y certeros. Mientras la sangre brota, proclama y repite como mantra: “Dediqué mi vida a soldar, entregué mi juventud a Ilshin Electronics”.
Esta escena es parte del tumultuoso y trágico devenir que atraviesan los protagonistas de Sympathy for Mr. Vengeance (2002), primera entrega de la llamada Trilogía de la Venganza de Park Chan-wook; escena que condensa a su vez el espíritu y el tema a tratar en La única opción (2025), su nueva película, cuyo argumento pone el foco en la relación de un padre de familia con el mundo del trabajo: las presiones sociales, las expectativas, el rol de proveedor, la identidad personal determinada por lo laboral y la deshonra que el desempleo conlleva dentro de la sociedad surcoreana.
En La única opción, el protagonista es un empleado modelo al que el sistema expulsa sin previo aviso. Man-su (Lee Byung-hun) es un trabajador experimentado (e incluso multipremiado), que dedicó su vida a la empresa papelera Solar Paper. De un día para el otro, la empresa es vendida a capitales estadounidenses que deciden reducir drásticamente el personal en pos de un programa de automatización. Man-su queda devastado, pero sus convicciones se mantienen firmes. Frente a su familia, proclama que dentro de tres meses retomará su carrera en la industria. Mientras tanto, asiste a sesiones de tapping junto a otros desempleados, impulsadas por la compañía, como mecanismo corporativo de adaptación y aceptación de su nueva realidad.
Trece meses después, Man-su trabaja en puestos mal pagos y para los que está sobrecalificado, y su familia se ha visto obligada a reducir sus gastos al mínimo para poder subsistir. Luego de una nueva entrevista en una empresa del rubro, en la cual se siente profundamente humillado por el gerente, se ve impulsado a resarcir esta situación por medio de la venganza. Con nerviosa premeditación, espera la salida del gerente y se dispone a arrojarle una maceta en la cabeza desde las alturas. Una interrupción evita que logre su cometido, pero en ese instante se da cuenta de lo que tiene que hacer: eliminar a su competencia, uno a uno, hasta que su CV sea el más destacable y la elección obvia para ocupar un puesto de alto rango en las más prestigiosas papeleras.
A partir de entonces, la película se transforma en una delirante y juguetona comedia negra donde Man-su, solemne, correcto y calculador, debe forjar su propio camino en las artes del asesinato, para las que aplica los mismos principios de eficiencia y optimización que en sus tiempos gerenciales, o eso intenta. De esta forma, Park Chan-wook nos presenta una aguda sátira que dialoga de forma directa con los miedos y tensiones de la actualidad; el profundo terror que confiere la amenaza de ser descartados ante el avance de la inteligencia artificial y la automatización, cuya inminencia advierte una crisis de empleo sin precedentes en un futuro no tan lejano.
Por más contemporáneo que resulte el tratamiento de los temas que aborda, La única opción es la segunda adaptación de la novela The Ax (1997) de Donald E. Westlake; su primera versión cinematográfica llegó de la mano del realizador franco-griego Costa-Gavras con el nombre de La corporación (Le couperet, 2005). Si bien el tono, la relación historia-relato y el abanico de recursos visuales difieren, la esencia es exactamente la misma: cómo la desesperación por no perder el prestigio social y el sentido existencial que el trabajo otorga puede llevar a decisiones fatales.
Resulta curioso que ocurra algo similar con otra película reciente que también dialoga con la época y que también es una reversión de una producción (casual o causalmente surcoreana) estrenada durante el primer lustro del nuevo milenio, con diferencias argumentales prácticamente nulas: Bugonia (2025) de Yorgos Lanthimos, remake de Save the Green Planet! (2003) de Jang Joon-hwan. En ambos casos, parecería que las temáticas trabajadas y su tratamiento aplican mejor a los tiempos que corren que a cuando fueron filmadas.
Tal vez haya para esto una simple explicación: lo que a principios de los 2000 era una hipérbole, hoy es una realidad.
No Other Choice (Corea del Sur, 2025), guion y dirección de Park Chan-wook, 139 minutos.
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