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En 1896, Berlín organizó la Primera Exposición Colonial Alemana en Treptow. Entre los pabellones de máquinas y mercancías, ciento seis hombres y mujeres provenientes de África y Oceanía fueron exhibidos como parte del espectáculo: prueba viviente de una visión imperial del mundo. El texto que abre el film lo enuncia sin eufemismos: los “rincones más oscuros del mundo” quedaron bajo “la protección del Imperio alemán”. La fotografía fue una de las herramientas centrales de ese proyecto. La cámara, un elemento de clasificación.
Canción del Ecuador, el corto de Melina Pafundi, parte de ese archivo y elige detenerse en el improbable instante previo al disparo. La cámara que vemos es una cámara de atelier; el proceso, el de las placas húmedas de colodión. No hay obturador instantáneo: hay minutos de exposición, reposacabezas, inmovilidad impuesta. La voz del film se jacta de tener “en nuestro poder capturar las imágenes de todos los objetos movientes, por más rápido que se muevan”, pero el dispositivo desmiente la frase en su propia materialidad: lo que produce no es la captura del movimiento sino su supresión. Pafundi se detiene en la fracción de segundo que antecede a esa operación, donde los cuerpos conservan la posibilidad de moverse.
El film reflexiona, sin querer, sobre un asunto cotidiano. Aquella jactancia resuena más allá de 1896: la captura permanente y la lógica imperial de la imagen se volvió infraestructura cotidiana. El gesto de Pafundi —suspender el disparo, volver al umbral y darse a la fuga— también le habla a ese presente.
La referencia a India Song (1975), de Marguerite Duras, no es decorativa. Como en Duras, imagen y sonido no se ilustran mutuamente: el desplazamiento entre ambos genera una tensión que impide la fijación. Si el aparato colonial fotografiaba para inmovilizar —para volver objeto lo que era sujeto—, Canción del Ecuador va en contra. La imagen tiembla, se resiste a asentarse. En lugar de silencio, irrumpe una canción.
La película fue rodada en 35 mm, super 16 mm y anamórfico, con transferencia posterior a 4K. La elección no es nostálgica ni fetichista: Pafundi, cineasta y restauradora argentina radicada en Berlín, formada en preservación de medios audiovisuales en la Universidad de Ciencias Aplicadas de esa ciudad, trabaja los soportes con conocimiento técnico y memoria histórica. Sus films, dedicados con frecuencia a archivos coloniales y memorias suprimidas, se proyectaron en Internationale Kurzfilmtage Oberhausen, BFI Flare y FIDBA. Cada formato porta una historia de sus usos, y ponerlos en contacto produce una estratificación temporal que el digital por sí solo no generaría. El archivo habita el material fílmico antes de que aparezca ninguna imagen reconocible.
Pafundi no rescata ni redime con gestos de compasión retrospectiva. Sitúa a esos hombres y mujeres en el instante en que todavía podían no ser capturados, y les devuelve una canción. El título lo sugiere: una línea ecuatorial, un corte que atraviesa la representación y la desestabiliza.
Canción del Ecuador (Alemania/Argentina, 2026), guion y dirección de Melina Pafundi, 14 minutos, funciones en Buenos Aires en el marco del BAFICI 27.
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