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La iglesia de la salvación

Paul Schrader

CINE y TV

Al igual que todas las películas verdaderamente importantes de Paul Schrader, La iglesia de la salvación está conscientemente construida sobre la idea de sacrificio. Protagonizado por bestias dormidas que aguardan el instante punitivo de un despertar furioso, lo que vuelve notable su cine es la renovada capacidad del guionista de Toro salvaje (1980) para volver a colocar incógnitas en el sistema litúrgico constante que define su arte desde que diera el salto a la dirección allá por los primeros años ochenta. Schrader viene filmando, casi sin variaciones, la misma película desde American Gigolo (1980), aunque entre esta y The Walker (2007) aparecieron y desaparecieron objetos raros y no identificados que no parecen hechos por él.

El ministro de la Iglesia de la Primera Reforma Ernst Toller (Ethan Hawke) lleva un diario personal. Al igual que John Le Tour, el narcotraficante insomne interpretado por Willem Dafoe en la formidable Light Sleeper (1992), planea destruirlo una vez que lo haya terminado. Por sus páginas y sus días desfila la cotidianidad grisácea de la iglesia que preside (que en otros tiempos fue parada del Underground Railroad que fugaba esclavos afroamericanos hacia los estados libres del norte, pero ahora se ve reducida a simple atracción turística), el duelo por la muerte de su hijo ocurrida durante la guerra de Irak, el sufrimiento individual de algunos de sus fieles y la sospecha de una enfermedad que parece estar incubándose en su interior. Toller es un excapellán, un alcohólico y un penitente; es el último de los mártires en una línea de sucesión pesadillesca que arranca con el Travis Bickle de Taxi Driver (1976). Y es también, por lejos, la criatura más genuinamente bressoniana de toda la filmografía de Schrader, sumida en un drama en ciernes que va a representar la batalla entre el hombre y un destino que aún no ha sido decidido, y que permanece en suspenso bajo la forma de lo extraordinario y lo aleatorio. Uno de sus fieles está a punto de ejecutar una acción fatal y desesperada, y Toller se inmiscuye en el drama para provocar el giro final de esas ceremonias desalojadas que caracterizan a Schrader, hechas de belleza y orden, de turbulencia y redención.

La iglesia de la salvación está filmada en el formato 4:3 de pantalla cuadrada, un tipo de proporción que hoy ya casi no se utiliza y que remite directamente a Carl Theodor Dreyer y su cine sobre el sufrimiento elevado a la categoría de arte perfecto e invisible. Schrader declaró que utilizó ese formato porque permite apreciar todo el cuerpo de los personajes en el interior del encuadre, y el resultado es una rigurosa serie de dioramas donde sus obsesiones logran mantenerse puras mientras el tiempo se encrespa y la locura y la violencia escalan en espiral, lenta, irremediablemente. El estatismo de la puesta en escena es tal que, por momentos, casi atenta contra el propio verosímil del film, y la parálisis de los rostros y los cuerpos contagia a las escenas una sensación de irrealidad escalofriante, el tipo de quietud mortuoria y estatuaria que podría esperarse en una representación de teatro butoh. Cincelada más que fotografiada, La iglesia de la salvación está hecha de una rara materia inerte y es el tipo de perpetuación estética que no teme asumir una posición moral frente a los cuerpos y los actos humanos. Recuperando sus inquietudes más genuinas y remotas, Paul Schrader persevera de manera casi suicida en la intransigencia autoral, y ha filmado, una vez más, una película en la que se refracta lo mejor de su obra anterior. La aparición de lo monstruoso vuelve a ser una descripción de lo sagrado, y la posibilidad de realización del destino humano individual cae una vez más en el laberinto de una belleza providencial, terrible e inmisericorde.

 

First Reformed (Estados Unidos, 2018), guion y dirección de Paul Schrader, 113 minutos, disponible en Netflix.

24 Jun, 2021
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