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CINE y TV

Resulta una curiosidad de la historia del cine que cualquier lista de las películas más influyentes de los años noventa tenga que incluir El día de la marmota en un lugar destacado, el podio por lo menos. Aún más extraño es que Hollywood haya tardado una década (hasta Perdidos en Tokio) en descubrir la genialidad de Bill Murray y esa cantera que tiene por cara. Empleando un tropo bastante común en la ciencia ficción, el time loop, para contar una fábula existencialista empañada sólo un poco por su culminación shmaltzy (rumores de un fin alternativo en el que Phil Conners se libera masacrando al pueblo de Punxsutawney son, desafortunadamente, apócrifos), El día de la marmota marcó a toda una generación de tal manera que parece un milagro que todavía no se haya producido una remake.

En su lugar, Netflix nos presenta Muñeca rusa, una serie que podríamos considerar hija adoptiva de esa película icónica. Nadia Volvokov (representada por una de las creadoras, la comediante Natasha Lyonne), una mujer cínica, bohemia y brillante, festeja su cumpleaños número treinta y seis en un loft de Nueva York. Parece tener muchos amigos; de hecho, la fiesta es organizada por una amiga, que se las ingenia para dejarla en compañía de un extraño para una noche de sexo casual. Todo va bien hasta que, al salir a buscar a su gato extraviado, Nadia sufre un accidente de tránsito y muere. Y ahí resulta que se despierta otra vez en la fiesta. Como espectadores experimentados, nada de eso nos extrañará mucho, y es una virtud de la serie no detenerse demasiado en esa primera etapa: Nadia muere varias veces más en rápida sucesión, hasta que empieza a aceptar la situación en que se encuentra. Una vez eliminadas las opciones oníricas o alucinadas (otra virtud es la manera relajada en que la serie trata el sexo y las drogas, sin nada de ese tremendismo conservador con que suelen reflejarse en la pantalla chica: “Pero tomamos ketamina en el bautismo de tu primo. ¿No te acordás?”; “‘¡Dios, pero estas húmeda!’ ‘Don’t go chasing waterfalls…’”), comienza la verdadera investigación del misterio. Nadia es asistida por un joven al que encuentra por casualidad y que, aparentemente, sufre la misma situación: “No se preocupe, muero todo el tiempo”. El carácter de Alan es el opuesto polar al de Nadia; es obsesivo, compulsivo y tímido, y el escenario que revive es la ruptura con su novia de muchos años. Juntos, la odd couple va descartando hipótesis tras hipótesis mientras nosotros vamos aprendiendo de ellos.

Como El día de la marmota con Murray, Muñeca rusa no funcionaría sin una actuación superlativa de su protagonista: el timing cómico de Lyonne es excelente, sus ocurrencias son agudas y su energía acida y melancólica rechaza y atrae en igual medida. Nadia es una tipa jodida, pero tiene razón de serlo: su madre se suicidó cuando tenía su edad y, además, ella acarrea la frustración de ser siempre la persona más inteligente de su entorno sin que nadie (los hombres, particularmente) se dé cuenta. Cuando Alan se asombra de sus poderes intelectuales, la respuesta catártica de Nadia es: “Gracias por notarlo”.

Por supuesto, Muñeca rusa tiene sus defectos: un problema inherente al concepto de time loop, como tantos otros de la ciencia ficción, es que tarde o temprano hay que explicarlo, y esas explicaciones casi nunca son satisfactorias. Hay, también, momentos en que la serie se excede en sus esfuerzos por tratar temas profundos cuando es esencialmente un entretenimiento superficial. Pero, en general, el resultado se puede resumir con el mejor elogio que a este reseñista le cabe imaginar: si a uno le ha gustado El día de la marmota, no la va a pasar mal con Muñeca rusa.

 

Russian Doll, creada por Leslye Headland, Natasha Lyonne y Amy Poehler, Netflix, 2018, 8 episodios.

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