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Selva trágica

Yulene Olaizola

CINE y TV

La cineasta mexicana Yulene Olaizola (1983) sabe cómo trabajar el panneau, es decir, el tablero en el que dibuja paisajes con su cámara. A diferencia de otros cineastas de su generación abocados al retrato de enfoque psicologista, la creadora procede con una amplitud panorámica que envuelve y arrasa a sus personajes. En su obra más reciente, Selva trágica (2020), que se puede ver en Netflix, es la vastedad de la selva maya la sombra que persigue a un grupo de hombres que, a inicios del siglo pasado, recorre el siempre verde paisaje que une Quintana Roo con Belice (país del que aún es soberana la reina de Inglaterra) para sacar la savia del árbol del chicle.

La película, la cuarta de su filmografía, es de dimensión mitológica y retoma elementos de Xtabay, mujer que según la leyenda maya embruja a los hombres con su belleza, los atemoriza con sus patas de ave y se encarga de castigarlos y abrazarlos con un impulso mortal. El me asusta pero me gusta del registro coloquial de la lengua, pulsiones de muerte y vida condensadas en una rima, es la fuerza que desata el deseo de los hombres, algunos mestizos y otros mayas, por Agnes, una beliceña a la que creen indefensa y toman de rehén, y que huye de un matrimonio forzado con un poderoso británico, un colonizador que controla la venta de chicle. La revisión de los mitos a la luz de la conversación actual es recurrente en los cineastas: el año pasado, Christian Petzold estrenó Undine, que reaviva la presencia de las ninfas acuáticas que, juguetonas también, se encargan de encandilar a los hombres.

En un filme convencional o de Hollywood, la primera parte de esta historia debería transcurrir en la “civilización”, pero el de Olaizola es más audaz y todo pasa en los ríos y las tierras en las que, para poder transitar, hay que abrirse camino a machetazos. En Selva trágica hay ecos de Sombra verde (1954), la película de Roberto Gavaldón que también explora la selva como región maldita; en oposición al filme de Olaizola, al atravesar la sombra verde de la jungla, la maldición que cae sobre quienes la desafían, hay un paraíso donde el salvajismo domesticado es la promesa de una vida mejor. Esta fantasía une a Selva trágica con Epitafio (2015), el filme anterior de la directora (codirigido con Rubén Imaz), en la que tres conquistadores del ejército de Cortés intentan subir el Popocatépetl antes de llegar a Tenochtitlán, la capital del imperio mexicano. La insistencia en el paisaje, casi con un matiz de naturalismo determinista que anima y justifica los deseos de los seres humanos, es recurrente en el arte mexicano, y Olaizola se ha encargado de prolongarla.

La notable creatividad de Yulene Olaizola le permite hacer películas de época sólo con elementos de vestuario, pero sin el derroche de los decorados para cine. Es imposible no pensar qué ocurrirá con su carrera cuando obtenga más recursos. De momento, se puede afirmar que en su cine-escritura el drama está en el paisaje, en lo indomable. Se trata de una postura importante en tiempos en que el panorama se está transformando por el cambio climático, donde los millonarios intentan colonizar otros rincones del universo.

 

Selva trágica (México, 2020), guión de Yulene Olaizola y Ruben Imaz, dirección de Yulene Olaizola, 96 minutos, disponible en Netflix.

19 Ago, 2021
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