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Severance

Dan Erickson

CINE y TV

La escisión entre vida y oficina alcanza clímax quirúrgico en Severance, la inesperada miniserie de Ben Stiller y Aoife McArdle para Apple TV que ya cuenta como uno de los hallazgos del año. La proeza es del ignoto guionista Dan Erickson, quien injertó retazos de distopía, new weird y comedia negra en una trama de evidentes espasmos literarios. La ciencia ficción infinitesimal se cuela desde el principio, cuando la díscola Helly (Britt Lower) es sometida a un reclutamiento perturbador en la ominosa empresa Lumon. Al viejo estilo 1984, lo aborrecible se naturaliza: los ingresantes se someten a la implantación consentida de un microchip cerebral que separa al yo laboral del yo cotidiano, demarcando así las existencias de un “dentri” y un “fueri” que lo ignoran todo uno del otro.

La pulseada rebelde de Helly, que se debate por renunciar con métodos extremos a lo largo de los nueve episodios, enciende la chispa de la sedición en la gélida sección de “refinado de macrodatos” en que operan Mark (Adam Scott), Dylan (Zach Cherry), Irving (John Turturro) y el supervisor Milchick (Tramell Tillman). Será sin embargo el protagónico Mark quien lleve el pulso de la dualidad, ya que la cámara lo sigue en sus horas ociosas por los suburbios adyacentes a la corporación, no menos desolados en el paisaje invernal. Angustiado y aislado en su soltería, Mark carga el duelo por la muerte de su mujer a la vez que es ascendido en Lumon y empieza a recibir del errante ex colega Petey (Yul Vazquez) señales clandestinas del lugar en que trabaja. El otro toque siniestro lo da la revelación temprana de que Harmony Cobel (Patricia Arquette), jefa despótica de Mark en Lumon, es asimismo su benevolente vecina de casa.

Ese juego de tabiques divisorios es bien administrado por Stiller y equipo, que dejan lo mejor para el desenlace mientras se complacen en explorar las laberínticas instalaciones institucionales en el grueso de la temporada. Más letárgico que trepidante, el gótico geométrico de pasillos blanquecinos depara el cruce con la sección de “Óptica y diseño” a la que representa Burt (Christopher Walken), recintos orgánicos bajo techo y hasta una mansión decimonónica y salón estatuario que conserva en cuerpo presente a la vampírica dinastía fundadora de los Eagan. Severance desciende a los cimientos del capitalismo por vía del absurdo, ensamblando en su mapa pasado histórico y simulacro informático bajo un manto de surrealismo hermanado con Charlie Kaufman o The Truman Show. Si algo hace patente la tira es cómo el management y sus recursos deshumanos han remitido toda realización laboral a una abducción, un autoengaño, una falsa identidad, un despropósito vacío, en línea con una alienación de cuño global que se maquilla con menudencias como un “café molido de Ruanda” o una “experiencia de música y baile”. El extrañamiento es también anacrónico, ya que no le hace falta a Severance desplegar la parafernalia de dispositivos digitales y redes sociales por más que sus efectos se equiparen a los de la “separación”. Por el contrario, las computadoras tienen aspecto de juguete y el recuento de datos emula a un videojuego 8 bit, volviendo el lazo serial con Apple curiosamente significativo en lo que parece un comercial de la marca hecho por Kubrick.

Gestada antes de la pandemia y rodada en ella, Severance cobra sentido extra después del corte de realidad de 2020, acontecimiento que entre un terror y otro trajo el recuerdo de algo que somos en alguna parte, que podríamos llegar a ser, que alguna vez quizás conspiremos para descubrir.

 

Severance, creada por Dan Erickson, Apple TV, 2022, 9 episodios.

23 Jun, 2022
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