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Héroes. Sobre el Informe para una academia de psicoanalistas de Paul Preciado

DISCUSIÓN

Cada revolución genera héroes. Se trata de seres con cualidades fuera de lo corriente. Actúan contra el orden previsible y por eso provocan temor (en este sentido son monstruosos). Pero a la vez son considerados portavoces de esperanzas compartidas y consiguen abrir caminos colectivos. Esto quedó bien claro en el siglo XX. La Revolución cubana invirtió la dinámica de un hemisferio lleno de expolios y dictaduras. El Concilio Vaticano II agudizó rupturas en el vetusto edificio cristiano. Los USA capitalistas fueron engañosa tierra prometida para millones de pobres de la tierra. El psicoanálisis obtuvo notable “heroicidad discursiva” al renovar el pensamiento crítico y la psicoterapia. Pero todo pasa. Y también pasaron esas vanguardias y sus revoluciones, viciadas por el burocratismo y el abuso de sus acólitos, o cambiadas las metodologías primitivas por otras capaces de lidiar con problemas que los iniciadores no habían previsto, ni resuelto. Marx acabó ahogado bajo el cemento estalinista; Jesucristo feneció en apolilladas sacristías; el árbol de la iluminación se vació de frutos, sacudido por los prosélitos budistas. En cuanto a Freud y Lacan, ¿tendrán que ser ex pacientes de categorías o situaciones “subalternas” quienes critiquen a esos héroes y propongan alternativas? ¿Podría Paul B. Preciado encarnar la figura heroica de uno que enfrenta a la vanguardia psicoanalítica exigiendo su transformación (o su extinción)? La situación resulta apasionante: dan ganas de saber qué tiene para decir alguien que se atreve a cantarle las cuarenta nada menos que al psicoanálisis.

Preciado sin duda esperaba bastante de la propuesta psi. Es difícil ir a análisis durante diecisiete años sin la expectativa de algo liberador a cambio. En tan largo periodo (un tercio de su vida) pudo experimentar sus variedades freudiana, kleiniana, lacaniana, guattariana. Hasta que decidió repeler y devolver el nutrido fuego crítico recibido en el diván. Su impulso intelectual consiste en pensar a contracorriente. Más todavía en el último libro de este burgalés radicado en París, explicitación y acaso recomienzo de su obra. Se trata de una queja de amor herido y de una despedida por parte de quien, invitado a hablar, decidió despacharse sin filtro. Interesa su “discurso” como arenga valiente de un keynote speaker enfrentado a la tropa de 3.500 lacanianos reunidos en París para el concilio anual de l’École de la Cause Freudienne, en noviembre de 2019. Su pieza oratoria resume el recorrido de alguien que escribe con el cuerpo y desde el cuerpo, y que ha hecho de su condición trans la materia prima, no limitadamente autobiográfica, de un pensar.

En una alocución que los asistentes acabarían torpedeando con abucheos, insultos, aplausos despectivos y taconeos, en tono calmado y didáctico Preciado plantea tres ideas. Constituyen ocasión y materia de una discusión que el orador deseaba inaugurar en ese momento, pero que, por envaramiento y temor, el público prefirió abortar (situación paradójica si miramos las cosas desde la mentada mayéutica del lacanismo oficial). En realidad, lo que quedaba pendiente era precisar cómo lo que Paul B. achaca a las disciplinas psi podría servir de punto de partida para la elaboración de un marco epistémico renovado.

 

Freud. Empieza atacando al freudismo, recurso retórico que parece adecuado: es más fácil meterse con lo que muchos ya relativizan (los lacanianos se jactan de “releer” a Freud, aunque sólo sea para “volver” a su seno). Preciado denuncia la falta de universalidad del “régimen de la diferencia sexual” según lo plantea el freudismo. Razonando en términos de Thomas Kuhn y sus continuadores, Paul B. deja claro que “no es una realidad empírica, ni un orden simbólico” sino apenas “una epistemología del ser vivo, una cartografía anatómica, una economía política del cuerpo y una gestión colectiva de las energías deseantes y reproductivas”. Como todo paradigma cultural y técnico-científico, la epistemología de la diferencia sexual “está sujeta a críticas y a cambios”. Luego de trazar el nacimiento y la evolución histórica de dicho concepto, explica que el desarrollo por parte de Freud del discurso de la diferencia sexual sirvió para “apuntalar la ontología política del patriarcado al establecer diferencias naturales entre hombres y mujeres basadas en rasgos anatómicos y capacidades reproductivas”. Es más: el freudismo no sólo trabaja dentro y con esa epistemología binaria sino que “ha sido fundamental en la conquista y fabricación de las psiques femenina y masculina, así como de las tipologías heterosexuales y homosexuales” que conocemos actualmente. La diferencia sexual funciona como “condición interna e inmanente de toda la teoría psicoanalítica de la sexualidad”. Tras revisar una larga lista de nociones, acaba concluyendo que el freudismo es “una tecnología de gestión del aparato psíquico encerrado en la epistemología patriarco-colonial de la diferencia sexual”. En línea con una lógica foucaultiana que le atrae, concluye que el psicoanálisis freudiano ha puesto “la normalización de la feminidad y la masculinidad heterosexual, y el deseo y la autoridad del padre, en el centro de la narrativa clínica”. Hasta aquí, mutismo por parte de los 3.500 asistentes. Silencio inquieto y expectante, sí, pero sin todavía cortarle la palabra.

 

Lacan. El tono va cambiando al clavar Preciado su daga crítica en el corazón del sistema lacaniano, archirrepresentado en la sala del congreso. Aborda la crisis de la epistemología de la diferencia sexual, fruto de la politización de los cuerpos y de las consiguientes luchas sociales: despatologizar la homosexualidad, asegurar la soberanía reproductiva y asimilar nuevos conocimientos sobre las estructuras bioquímicas de los seres vivos. Preciado reconoce que, ante la crisis del freudismo, la propuesta lacaniana sí que constituyó un primer intento de desnaturalizar la diferencia sexual. Pero introduce su primera crítica: el lacanismo obra a la “manera de una psique sin cuerpo” (dicho con respetuosa ironía macedoniana). Su metasistema carece de cuerpo, no se refiere a algo anatómico. Su lógica es la de un no falsable inconsciente, estructurado como un lenguaje y administrado por una cohorte de intérpretes. Según Preciado, este sistema de diferencias no escapa al binarismo sexual, a la genealogía patriarcal del nombre y a la administración con posible desliz autoritario del conocimiento por parte de quienes se consideran especialistas. Como resulta ofensivo señalar errores en plena cara del destinatario, uno sospecha que Preciado tal vez anticipaba lo que ocurriría: iban a devolverle el guantazo. Los asistentes empezaron a levantarse; algunos para irse, otros haciendo gestos altivos u obscenos para desacreditar su ponencia. Los que apoyaban se vieron inundados por un cambio de signo en los aplausos: el acuerdo de unos pocos se ahogaba entre burlas de la mayoría.

Sobreponiéndose al barullo, Preciado siguió exponiendo su argumento. En cuatro puntos.

– Recordó su denostada condición trans y que estaba hablando como tal. Desde esa óptica, planteó que si la obra de Lacan no consigue despegarse del binarismo sexual es por su apego personal y político a la estructura patriarcal heterosexual. “Su desnaturalización estaba en marcha, pero el propio Lacan no estaba preparado”, cosa que se fue viendo por la progresiva patologización de la transexualidad y el embretamiento teórico y administrativo de los bebés intersexuales.

– En la obra de Lacan, la variedad de lo sexual (en versiones hétero y homo; luego en modalidades cis o trans) sufre un proceso de progresiva laminación o “normalización”, mediante la exotización y el arrinconamiento de las minorías sexuales.

– De a poco, muchos lacanianos han ido dictaminando que los transexuales son psicóticos víctimas de un error: “confunden el órgano con el significante”. A sabiendas o no, esto los lleva a las posturas conservadoras de siempre: finalmente niño es el que tiene un pene y niña la que tiene vulva.

– Para Lacan y sus seguidores el binarismo sexual “es un hecho simbólico y una estética del cuerpo tan evidente e innegable como lo era el sol girando alrededor de la tierra para Ptolomeo”.

Estas fueron probablemente las últimas palabras que pudo escuchar la asamblea por boca de Preciado. Fue interrumpido por un gran escándalo y allí acabó su presentación. Hoy tenemos acceso a ella por las crónicas periodísticas y por la publicación completa del escrito de su ponencia (Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas, Anagrama, 2020).

 

Monstruo. Según Preciado, desde finales de los setenta “la epistemología de la diferencia sexual y la taxonomía colonial del racismo entran en un proceso de cuestionamiento y mutación”. Su obra pasa revista a tres factores que menciono con breves palabras.

– Por un lado, toma en cuenta avances de la ciencia tales como nuevas técnicas de lectura de cromosomas y genomas, amén de sistemas más ajustados de diagnóstico endocrino.

– Igualmente Preciado valoriza la arremetida de múltiples protestas sociales. Las detalla en su obra. A efectos de síntesis, podemos compendiarlas en el acrónimo LGTBIX, dinámica apoyada por movimientos populares como el feminismo, el sindicalismo progresista y los organismos de lucha contra el racismo y el neocolonialismo. ¡Subalternos del mundo, uníos!

– Desde hace diez o quince años, los factores anteriores están teniendo repercusiones en instancias institucionales poco sospechosas de anarquismo o de oposición al mainstream de la cultura occidental en materia de sexo y género: Organización Mundial de la Salud, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, asociaciones médicas y/o de pacientes, congresos de países como Australia o Argentina, gobiernos como el de Holanda, Uruguay o España.

Esta escena social (por ahora poco o nada influyente en el dominio psi oficial), ¿qué situación describe? Preciado plantea la necesidad de elaborar “una nueva epistemología” que desplace a la actual basada en la diferencia sexual. Algunos ejes de su reflexión:

– Lo crucial es partir del cuerpo humano viviente, antes de cualquier determinación. Determinación de la construcción social del género, por supuesto. Pero previa determinación anterior a una fijación definitiva o automática del sexo en el momento de nacer. A tenor de las investigaciones en curso, la realidad morfológica, anatómica y cromosómica de los cuerpos humanos ha de situarse más allá del binarismo sexual y de género.

– Para tener opción de elaborar nuevas pautas paradigmáticas, lo primero es desarrollar, en los niveles individual y colectivo, culturas de la crítica y la discusión enfocadas en el marco actual de conocimiento. Tanto en lo relativo a sexo/género como en lo que toca al ordenamiento de la sociedad. El movimiento de modificación del paradigma sexual forma parte del movimiento, más amplio, de cambio social.

– Una nueva cultura de sexos y géneros se aboca a la revisión de las nociones normativas de masculinidad y feminidad; de las categorías heterosexualidad y homosexualidad; de los modos y situaciones de la actividad y pasividad sexual; de lo que penetra o es penetrado, etcétera.

– De acuerdo con la premisa de que toda vida humana “se fabrica”, a las labores constructivas “naturales” (traduzco: propias de la condición heterosexual) hay que agregar todo tipo de técnicas de gestión “intervenida” de la reproducción: píldoras (anticonceptiva o del día después), paternidad trans, vientres de alquiler, externalización del útero, etcétera.

– Es necesario comprender que un cambio de paradigma necesitaría la participación de los colectivos que han administrado hasta ahora las políticas de la diferencia sexual. Los libros de Preciado son insistentes invitando a que los psicoanalistas se pongan a “escuchar las voces y los lenguajes de los cuerpos que el régimen patriarco-colonial ha excluido”. Les pide: “Pongan en el centro de su práctica clínica a los cuerpos y las palabras de los que […] ya viven más allá del núcleo familiar patriarcal, más allá de la heterosexualidad y de la diferencia sexual, de los, las y les que buscan y fabrican una salida”…

Preciado sin duda piensa que el progreso es posible; de lo contrario no escribiría de forma tan atrevida e insistente. Pero no se le oculta cuán fuertes resistencias sus posturas siguen provocando en muchísimos observadores o lectores, sobre todo entre blanca/os heterosexuales educado/as en Occidente. Así, en su obra (y particularmente en este reciente discurso a la “academia de psicoanalistas”) aparece otra forma de entender al “monstruo”. Ya no como héroe desproporcionado e incisivo (y, por eso, escuchado o en ocasiones venerado). Más bien como un vulgar ser humano carente de hermosura, desfigurado, repulsivo en sus formas y modales, “subalterno” en sus aspiraciones. Y por todo eso, digno de abyección por parte de quienes tiene delante. Preciado no descarta que el precio a pagar para hacerse escuchar sea asumir la posición de “bicho feo” contando una historia terrible que despierta en los auditores una mezcla de rechazo y desprecio. Seguramente ya ha percibido cuánto tiene todavía que cambiar la actitud de los straight de diversas academias para captar (detrás de ruidos, poses y gestos) la realidad de un cambio sobrevenido en la situación de las personas: ¿se trata de un cambio de estatuto de aquello que denominamos “lo humano”?

Ante la problemática que plantea Preciado, lo primero es perder el miedo y estudiarla con serenidad: entonces aparecerán numerosos ángulos que vale la pena considerar. En esa tarea, que es de muchos (Preciado lo señala al fin de su alocución), los psicoanalistas tienen bastante para decir, más allá de sentirse circunstancialmente ofendidos por su discurso, suave pero incendiario. También han de intervenir médicos, filósofos, científicos y políticos. En lo que al Zen respecta, merecen decirse cosas que enriquecen la discusión. Las voy preparando y serán divulgadas cuando tengan el grado de precisión y concreción que requieren.

15 Abr, 2021
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