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Intelectuales versus pueblo: sobre la reacción de Horacio González a la coronación de Bergoglio

DISCUSIÓN

La doxa está segura: los intelectuales saben, el pueblo siente. El sentimiento es un saber más allá del saber de los intelectuales, porque es directo. Los intelectuales sólo saben por medios indirectos: textos, conceptos aprendidos en textos, metodologías con margen de error… El sentir “toca” sin mediaciones la cosa, aprehende su verdad con el órgano más especializado y más difundido, que sólo puede venir de… Dios. En efecto, esto es cristianismo puro, una versión pedestre de la revelación y la epifanía. Nada más adecuado, entonces, que se aplique a la reacción unánime de los argentinos ante el primer papa jesuita, americano y argentino. Es obvio que, en lo inmediato, esta efusión religiosa nacional se lleva por delante a los intelectuales que apoyan al gobierno. Declaraciones de Horacio González en la reunión de Carta Abierta, difundidas por los medios militantes opositores, llenan todos los requisitos de lo impolítico: espontáneas, inoportunas e inconducentes. El 19 de marzo, en el programa televisivo de Alfredo Leuco, el peronista histórico resistente a la jubilación Julio Bárbaro no perdió la oportunidad de ironizar largamente sobre el desencuentro de este intelectual nacional y popular con el pueblo. Alguien, rápido de reflejos, llenó la ciudad con afiches que se congratulaban del carácter argentino, y para más peronista, del sutil armador de la oposición entre 2008 y 2011. Joaquín Morales Solá se moja con las últimas encuestas: noventa y ocho por ciento de aprobación, mucho más que el cincuenta y cuatro. ¿Qué debería haber hecho González como intelectual kirchnerista? ¿Plegarse a la emoción popular? No: tenemos un ejemplo cercano de una actitud política y éticamente responsable ante un fuego masivo prendido por la derecha en la temprana y aguda crítica de León Rozitchner a la Guerra de Malvinas. Previó un final que casi ningún otro intelectual previó, lo que le ganó autoridad. Lo hizo con su saber, con un análisis de la historia y la mentalidad de la “masa artificial” llamada Ejército argentino. El problema con González es que no enunció un saber, sino un sentir: escándalo ante el encumbramiento de un antiguo enemigo, un sentimiento adherido a posiciones anteriores de la presidente en el momento en que ella misma se ocupa de forjar una buena relación con un mal inevitable. Entonces, lo que podríamos hacer los que tenemos alguna relación con el saber y el kirchnerismo es sondear, imitando a Rozitchner, esa otra masa artificial llamada Iglesia argentina, para medir la profundidad y la extensión de un pensamiento conservador que provee de lo indispensable a millones de pobres y educa a menores de todas las clases sociales, y de paso desarmar la trampa de la “doctrina social de la Iglesia”, profundamente entramada con, sin ir más lejos, vastos sectores del peronismo.

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