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El reino errante

Monica Ferrando

TEORÍA Y ENSAYO

El reino errante propone la restitución de un paradigma político, de una forma de vida conscientemente rechazada y censurada por la historia occidental como un sinsentido, una locura e incluso una fantasía. Se trata de Arcadia, el modelo de comunidad sin ciudad y sin Estado, la población más antigua de la Grecia histórica, prehelénica y orgullosa de su nomadismo, ajeno a la violencia, la opresión y la injusticia.

Tres ejes atraviesan el ensayo. En primer lugar, a partir de la figura de Hermes, deidad vinculada al culto de la luna y de la Gran Madre, despliega la triplicidad indivisible del nomos, ese ente particular donde la música, la justicia y lo sagrado coinciden en una unidad desconocida para nosotros. Da cuenta del largo pasado paleolítico europeo, que dejó pintada en la cueva de Trois-Frères la imagen del Magdaleniense medio (15000-13000 a.C.), una figura teriomorfa equipada con un instrumento musical inclinado, a través del cual parece domar y encantar a una procesión de búfalos. Este testimonio figurativo, junto con otros, exhibe según Ferrando la unidad practicada colectivamente como una forma indistinguible de la armonía social, la comunicación y la sacralidad, que se relacionaba con el sentido, la naturaleza y la vida comunitaria. En segundo lugar, otra vía lleva de Epiménides a Diotima, desde Creta hasta la arcadia de Mantinea y hasta Atenas, donde lograron la salvación de la plaga al establecer cultos ctónicos. En Epiménides, por un lado, se observa la oportunidad de hacer cesar el tiempo histórico tal como sucedió, es decir, como un continuo de guerras, usurpaciones y violencia, y devolverlo a su unidad original y ancestral. En Diotima, por otro, eros se propone como la cura de las inclinaciones individualistas y tiránicas, a través del deseo de una belleza sin imágenes y sin objeto, una política erótica. Juntos, con el “maestro de la verdad” y la misteriosa protagonista del Simposio platónico, se recupera la indivisión primordial del tiempo y el espacio, reconectando el ethos con el nomos, liberando a los hombres del principio de culpabilidad y de causalidad. Por último, el texto busca la identificación de un verdadero modelo político en Arcadia. Según el Aristóteles de la Política, los nómadas son aquellos que pueden alimentarse “sin esfuerzo”, “disfrutar de su tiempo” y que, al contrario de las comunidades campesinas griegas, son “máximamente perezosos” (argotatoi). La pereza, categoría a la que los occidentales imperialistas han recurrido innumerables veces para definir a los pueblos colonizados, es aquí el umbral, el ojo de la aguja por el que se pasa de la ciudad a Arcadia. En esta “pereza” reside el amor omnia vincit. El amor virgiliano, profético, que puede permitir nuevamente el contacto entre lo humano y lo divino, entre la paz y el mundo.

En conjunto, El reino errante abre un camino subterráneo, húmedo y nocturno, que nos conecta con cuevas, como la de los Trois-Frères o la del monte Cilene, lugares desconocidos, donde quizás seamos capaces de oír la voz de la tierra. Esa voz que los arcadios todavía podían oír y comprender, y que nosotros parecemos haber perdido, separados de la música que hoy percibimos como un sonido estridente e incomprensible, el llamado de las golondrinas o el parloteo insistente de los loros.

 

Mónica Ferrando, El reino errante. La Arcadia como paradigma político, traducción de María Teresa D’Mezza Pérez y Rodrigo Molina-Zavalía, Adriana Hidalgo Editora, 2024, 704 págs.

13 Jun, 2024
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