TEORÍA Y ENSAYO

¿El género humano es el centro de la Creación? ¿Acaso no seremos más que hologramas habitando un simulacro? ¿O debemos considerarnos concesionarios en un planeta apto para la vida? Si, como plantea la última línea del “Epílogo incierto”, será inevitable que vuelva el tiempo de las grandes preguntas, Natura podría funcionar como el gimnasio en el que un novato, incluso uno apenas curioso o indiscreto, entrene sus habilidades inquisitivas bajo las luces —o las sombras— de alguna de las “cuatro matrices metafísicas” que de un modo u otro nos constituyen y que, según el propio Capanna, son la fuente de las diversas concepciones del mundo, la historia y la naturaleza a las que nos remitimos. La Physis de prosapia griega, la Ktisis de raíz judeocristiana, la Allógenes gnóstica cuya variante new age domina nuestro presente, o el humanismo de Anthropos son las denominaciones que el autor elige para cada una de esas variables, puras o combinadas, que, con sucesivos retoques o agregados, han alimentado las glosas y las explicaciones que materialistas, nihilistas u hombres de fe han ensayado como respuesta —o justificación— a la cuestión sobre el lugar que ocupamos en el cosmos. Aunque puedan resultar un poco oscuras así enumeradas, vale dejarlas en penumbra para que cada uno pueda asomarse a la descripción que de ellas hace Capanna, su encumbramiento o su decadencia. Y si ese no fuera uno de hallazgos más estimulantes del libro, habría que pensar entonces en aquel otro enunciado que propone desechar la metáfora del río y la corriente para referir los cambios de cosmovisión entre la Antigüedad y la Edad Media, o entre el Renacimiento y la Modernidad, y convenir en que quizás “entendamos mejor las mudanzas de nuestras matrices si tratamos de pensarlas por analogía con el deslizamiento de las placas continentales”. En vez de una linealidad evolutiva, Capanna propone choques, superposiciones y el “trastocamiento del suelo y el subsuelo”. En vez de arquetipos eternos, “intuiciones recurrentes que pueden reaparecer en cualquier momento de la historia”. Ética, ciencia, religión; Hegel, Marx, Derrida o Foucault; el reloj de Estrasburgo o el tsunami que destruyó Lisboa en 1755; la división del átomo o la teosofía de entrañable resonancia arltiana son algunos de esos movimientos que, como un sismógrafo experto, Capanna registra entre las alteraciones tectónicas de función explicativa. Como si se tratase de una saga épica que confronta hechos, descubrimientos, comprobaciones y desafíos al conocimiento, Natura articula las dinámicas del conflicto y caracteriza ―o personifica― cada uno de los perfiles con los que aquellas matrices se enfrentan y predominan. Heliocéntricos o antrópicos, experimentales o intuitivos, freudianos o jungianos son, en alguna medida, avatares o emergentes de “seculares derivas que durante siglos han venido discurriendo en silencio”. No es para nada menor que todo se articule en un relato fértil, técnico pero no críptico, que no vulgariza ni las tesis ni a los hombres que las impusieron y que, por eso mismo, pondera también al lector. Más allá de las meditaciones en las que se concentra Natura, las cuestiones sobre las que se vuelca el libro continúan abiertas, y acaso el porvenir nos presente una mejor cara si nos enfocamos en la construcción de un marco de sentido nuevo y perfilado por la complejidad.

 

Pablo Capanna, Natura. Las derivas históricas, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2016, 216 págs.

24 Ago, 2017
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