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¿Y ahora qué hacemos?
Si filosofar es, en esencia, hacerse preguntas, esta parece ser la que rige El archipiélago. Hay un nosotros implícito en la pregunta —y en la búsqueda de una respuesta—. El texto lo construye en principio con ambigüedad, en un gesto inclusivo que intenta abrazar a esa gran masa, tan heterogénea, de quienes “ocupamos, sin más, el ‘lugar’ de los explotados” en el capitalismo, pero que es también ese nosotros de los “movimientos populares, nacionales y de izquierda”. En el fondo, sobre todo en la inabarcable multiplicidad que sugiere, “es menos un hecho que un horizonte”. Un nosotros difuso pero invocable.
¿Y ahora? El prefacio anticipa “un texto de urgencia política”. En las primeras secciones se ensaya el estado de situación. El siglo XXI inició con tres acontecimientos técnicos: la popularización de las redes sociales, la crisis financiera de 2007 y la creación del Bitcoin. En este último tiempo, la filosofía y la política parecen haberse agotado como herramientas para disputar la realidad y “nos convertimos en lo que la lógica del capital requería de nosotros”: perfectos sujetos de la Modernidad en medio de una crisis de la subjetividad y, al mismo tiempo, de la cultura y la imaginación. Nos hemos distanciado, del mundo y entre nosotros, como islas. Nos volvimos un archipiélago.
Pero, si hay un nosotros, también hay un otro. Nuestro lado, en decadencia; el otro, en auge. Ese otro —ese otro “nosotros”, los otros— se encuadra a la derecha, también difusa, inasible, imprecisa, pero con una fuerza vital que nuestro lado parece haber perdido. Esa derecha huye hacia adelante, sueña con un futuro en el que la centralización del poder político en manos de unos pocos y la desregulación total de la intervención estatal contribuyan a “liberar las fuerzas productivas y tecnológicas que habrían de acercarnos a una nueva era posthumana y postcapitalista” —si algo queda en pie en el camino—.
¿Qué hacer? En este punto el texto comienza a hacer foco en la práctica y adquiere un registro más propio de un manual táctico de guerra. Intenta nutrirse de lo que los otros hicieron, las razones que lo llevaron a su auge, para tejer una estrategia de regreso al mundo, volver a ser un nosotros unido, potente, capaz de pensar las propias utopías e impactar en la realidad, transformarla. Contra el archipiélago, que “es hoy la estructura general de la sociabilidad”, propone una “política pangeísta”, que busque recomponer un continente. Apunta los cañones a internet, a la lucha por la soberanía cognitiva, a la tarea intelectual y los clusters ideológicos. Ilustra algunos ejemplos de acciones militantes que se dieron tanto en la virtualidad como lejos del teclado —sobre todo casos de Estados Unidos— y llega hasta el punto de plantear, finalmente, la necesidad del uso de la violencia física —como último recurso, por supuesto—: “Se les hace frente escribiendo cartas y llamando por teléfono, para que no haya que darse de puñetazos con ellos. Se les hace frente con los puños para que no haya que hacerlo con navajazos. Se les hace frente a navajazos para que no haya que hacerlo con pistolas. Se les hace frente con pistolas para que no haya que hacerlo con tanques”, reza la cita a Murray, militante del Anti-Racist Action de Baltimore, en Antifa: el manual del movimiento antifascista de Mark Bray.
El archipiélago proyecta una visión panorámica de este presente a través de los lentes de la filosofía, la historia y la política, sumando análisis desde la ciencia ficción y la cultura en internet. Elabora un atisbo de propuesta hacia adelante e imagina un futuro que sea verdaderamente nuestro. Hay, por último, un yo. Chuit Roganovich se desnuda en lo personal, trafica recuerdos y experiencias de su pasado. Ensaya una interpelación desde la fragilidad, el dolor, la soledad de ser parte de ese archipiélago que describe. Intenta acercarse a aquellos a quienes les habla, quizás para constatar que efectivamente no está solo, que hay alguien del otro lado, un nosotros que escucha, lee, que asiente o sonríe desde la costa de otra isla. No nos quedemos solos, parece querer decirnos. No nos rindamos.
Roberto Chuit Roganovich, El archipiélago. Nuestra retirada del mundo y notas para un regreso, El Gato y La Caja, 2025, 216 págs.
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