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Aunque no queramos

Salvador Biedma

LITERATURA ARGENTINA

Toda una vida puede transcurrir en los pocos días que alguien pasa en un pueblo desconocido. Esa es una de las premisas de Aunque no queramos, novela con la que Salvador Biedma cierra una “falsa trilogía” bonaerense. Hombres de mediana edad que, por motivos a veces oscuros para ellos mismos, llegan a un pueblo alejado de la gran ciudad y encuentran una especie de vida alternativa a la que, con aquiescencia, se entregarán, aceptando el juego circunstancial de suspensión y sustitución de la otra, la urbana.

En Aunque no queramos, Tomás visita el pueblo de su suegro, que ahora, anciano, agoniza en la ciudad, mientras su hija Cecilia lo acompaña. Pero un desperfecto mecánico lo obliga a permanecer allí unos días, durante los cuales su esposa será poco más que una lacónica serie de mensajes de texto, mientras él se vincula con personajes a la vez francos y esquivos, a quienes tendrá la impresión de conocer desde hace años: Oviedo, el hombre que lo aloja en una casita construida dentro de un galpón; los inseparables hermanos Umpiérrez, que acompañan a Oviedo y Tomás a todas partes; Enríquez, el mecánico, y Úrsula, una mujer con la que Tomás iniciará un juego de seducción. Estos personajes, como suele ocurrir ante la llegada de un forastero, oscilan entre comprender las modestas excentricidades de ese hombre de “la Capital” y exhibir el acervo propio de convenciones y rarezas pueblerinas, como esforzándose por permanecer en la memoria del visitante.

La acción avanza con morosidad, en una acumulación de pequeñas anécdotas que no consiguen alterar el estado de ánimo de Tomás, siempre vacilante, como si la vida, en suspenso, sólo pudiese reencauzarse con la manifestación de un acontecimiento exterior: la muerte de su suegro, la confesión de infidelidad de su esposa u otro hecho definitivo que, finalmente, venga en su rescate. Tras la larga serie de interrogantes que la novela propone, Aunque no queramos parece asumir la fatalidad del tiempo como corriente inexorable y ciega que posterga la mayoría de las respuestas, hasta que estas se disuelven en nuevas preguntas, que pasan y se pierden, como postes, en lontananza.

La prosa narrativa de Biedma es despojada, austera, y el ritmo con que narra esos hechos mínimos, moroso. Sin embargo, el relato consigue llevar al lector hacia adelante, interesarlo en las pequeñas intrigas en que el protagonista se ve envuelto; porque se trata de un protagonista llevado y traído por las circunstancias. En definitiva, aunque no lo busque, aunque no lo quiera, el tiempo le opondrá a Tomás sus disposiciones; aceptarlas, como quien acepta una derrota metafísica, es un modo de ser sabio.

 

Salvador Biedma, Aunque no queramos, Conejos, 2024, 232 págs.

 

21 Nov, 2024
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