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Cuando florezcan los agapantos

Jimena Néspolo

LITERATURA ARGENTINA

Cuando florezcan los agapantos, de Jimena Néspolo, inaugura Batata Libros, una editorial que irrumpe felizmente en el mundo de letras y lectores y se distingue por sus diseños de tapa y calidad de las ediciones. 

La obra de Néspolo, escritora, investigadora, abarca varios géneros ensayos, poesía, narrativa, literatura infantil. Esta, su novela más reciente, desafía la condición de la literatura como expresión de un registro social en relación con un tiempo histórico y respondería a un género en ciernes que pretende dar sentido a un mundo sin simbología, saturado de tecnología y consumo.  

Considerar los archivos históricos como referentes e insertarlos en la trama, contando con “lo verosímil” entre los recursos de la ficción, sería el componente distintivo de este género que se ha dado en llamar “archivológico”. 

Compuesta por cuatro capítulos “excursus” y otros tres que refieren a tres cuadernos manuscritos, Cuando florezcan los agapantos es una novela enmarcada. Pero el marco no se limita a un “Primer excursus” que inicia la novela y un “Excursus final” que la cierra, sino que cada excursus envuelve, como si los protegiera y a su vez los quisiera exaltar, los cuadernos cuya función en la novela es aportar treinta años de historia (1954-1974), escritos como diario íntimo, confesiones, recuerdos, transcripción de sermones, lecturas de fragmentos, desde un lugar del no saber, de la inocencia y el rigor de un destino forzado. Así la novela se pliega hacia su interior y se despliega hacia múltiples referentes que el lector asimila según su experiencia como lector y como ciudadano. Y se forma una trama apretada de relaciones y conflictos que abarcan la política argentina en años de persecución y tiranías, las guerras del siglo XX, la inmigración, sin excluir sentimientos de amor, odio y deseo. En el movimiento pendular de entrar y salir de sí, la novela no deja de reflexionar sobre la literatura, sobre los múltiples sentidos de un texto según las condiciones de lectura, la distancia entre ficción y realidad, o la imposibilidad de representar con palabras la totalidad. “(Releo las anotaciones precedentes, realizadas anoche, bajo la luz del candil y el constante tormento de los mosquitos, y me avergüenzo de haber reducido a una anécdota tan pueril toda la felicidad que me brindó la lectura de estas páginas. Me excuso)”. 

La elección de los personajes es otro acierto en la novela. Un historiador recibe en algún momento del pasado, de un cura de origen polaco radicado en la provincia de Buenos Aires, los cuadernos “folios” en cuestión. Una lectura primera no le provoca interés, hasta que en otras circunstancias descubre en ellos cierto valor y decide transcribirlos eligiendo al azar con cuál comenzar. Se configura la novela. Los cuadernos habían sido escritos por otro personaje principal, Leonarda, de rasgos entrañables. Leonarda es una inmigrante polaca que deja su país por la Segunda Guerra y llega en busca de su hermano, Casimiro, un cura que había migrado con anterioridad a la Argentina y se había instalado en Lobos. Allí había construido una capilla en la que daba sus misas para los lugareños que recibían con beneplácito sus sermones. Personajes secundarios complementan esta tríada de dos hermanos y un historiador: otros curas, identificados como del Tercer Mundo, cuyas líneas de pensamiento y propuestas sociales y políticas fueron disruptivas en un período de la historia argentina; una familia nazi que pretende cautivar a Leonarda; un familiar abusador; una gitana que seduce desestabilizando la convivencia fraternal. Además, un herido que llega sigilosamente a la vivienda de los hermanos, que Leonarda cuida en silencio sin conocer su origen, pero cuya presencia desviará su destino y es funcional para enlazar con el afuera del texto por donde retumban hechos de la historia vernácula. Otro hallazgo de la novela es proponer, sin resquebrajar el personaje, la falta de conocimiento de Leonarda con respecto a la densidad de los hechos políticos que ella narra. Esta estrategia determina dos líneas de lectura; el lector sabe más que la narradora e intuye y avanza sobre el desenlace de la novela. 

Un hilo sutil enlaza los textos de Néspolo: Cuando florezcan los agapantos señala El pozo y las ruinas; Mundo Orco desliza el motivo del bello relato “Las cuatro patas del amor”. Más allá de estas relaciones, hay en su obra dos características que se sostienen en aras de su contundencia. Una es el desafío. Un desafío que se distancia del desafío de la gauchesca. No hay truco ni duelo ni instantes agazapados que marcan un destino identitario. Es un desafío que la misma literatura de Néspolo configura. Un desafío a los géneros consabidos, al lector por la irreverencia de sus propuestas, por sus desenlaces. La segunda característica es el trabajo con el lenguaje, con la firmeza con que cada personaje se expresa en distintas situaciones, el justo tono, la precisa variante en la configuración de sus expresiones. 

Cuando florezcan los agapantos, el título, provoca una sinestesia visual a más de manifestar un momento futuro que enlaza el tiempo a los ciclos de la naturaleza y contrasta con la tiranía de las fechas históricas. Quiero decir: es una frase que suaviza el paladar cuando se la pronuncia.  

 

Jimena Néspolo, Cuando florezcan los agapantos, Batata Libros, 2025, 172 págs. 

 

12 Feb, 2026
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