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El alma de las colinas…

Derian Passaglia

LITERATURA ARGENTINA

Si es verdad que un debut literario es el momento privilegiado para mostrar afinidades y establecer filiaciones, la primera novela de Derian Passaglia, El alma de las colinas…, constituye un cabal ejemplo de ello.

Tres amigos van en busca de Juan L. Ortiz (“el mejor poeta de la Argentina”, “el secreto mejor guardado de la literatura argentina”) por el paisaje entrerriano. Los guían la unánime admiración y el anhelo de entrevistarlo para una revista de poesía, de aparición trimestral. Después de encontrarse con dos personajes de “pintoresco costumbrismo” enfrascados en una discusión sobre la calidad musical de Leo Mattioli y Los Palmeras, consiguen, por mediación de la señorita Amelia, antigua maestra de Juanele, encontrar el sitio donde, como una reliquia arqueológica, refulgente y sobrenatural, hallarán al poeta, que los acoge con completa naturalidad.

Pasan la noche en casa de Juanele, quien recibe al día siguiente una breve carta de Juanjo (Saer), escritor amigo, donde lo invita a comer un asado. Van todos, pero una vez allí, los tres amigos descubren que Juanjo es en realidad un androide espía, parte de una conspiración franco-estadounidense que busca apropiarse del talento del mítico poeta entrerriano; huyen y conducen a Juanele hasta el confín de la isla, donde habita la ninfa Aurora, única capaz de salvarlo de esa suerte de hackeo mental cuyos efectos comienzan a manifestarse en el poeta.

El tiempo es impreciso y dislocado, por eso caben en él un anciano Juan L. Ortiz, su maestra de primaria, la vida rural de hace cien años y un bot asador programado en las universidades francesas. El narrador y miembro de la expedición recurre a ademanes verbales propios de la poesía de Juanele, personaje que, además, “habla como escribe”, al igual que su amigo y némesis Juanjo, aunque lo que “parecía natural” en el poeta “no sonaba nada natural” en el bot.

Lo natural, lo artificial, lo popular, lo culto, lo nacional, lo foráneo, son opuestos constitutivos de El alma de las colinas…, que asume y enfrenta con humor las mismas contradicciones que enfrentaba —invirtiendo la valoración— el binomio sarmientino civilización-barbarie, de tal manera que el valor popular de Juan L. Ortiz parece residir justamente en su condición de poeta secreto. En gran medida, El alma de las colinas… se construye sobre opuestos: poesía-narración; Juanele-Juanjo; centro-periferia; Imperio-colonia; Leo Mattioli-Los Palmeras. Nada de esto impide que haya hacia el final un ecuménico show musical con la ninfa versionando a Britney Spears.

Irreverente como se propone, la novela es también una celebración del impulso fetichista del fan y un tributo entusiasta a la figura de Juan L. Ortiz, personaje dotado de las cualidades de un dios de la poesía, cifra y símbolo del ser nacional. Si, como dice un personaje, “la poesía era el hombre y el hombre era la poesía”, es perfectamente verosímil que, por gracia de la vitalidad de su poesía, el poeta continúe componiendo versos a orillas del río o bajo los árboles del monte, en un presente literario cada vez más irreal.

Derian Passaglia, El alma de las colinas…, Blatt & Ríos, 2023, 144 págs.

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