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El trabajo de los ojos

Mercedes Halfon

LITERATURA ARGENTINA

El estrabismo es una de las máscaras o dispositivos que la literatura argentina eligió para pensarse a sí misma desde Esteban Echeverría. Más tarde retomarían el tema David Viñas, primero, y Ricardo Piglia, después. El nombre mismo de la revista donde Viñas publicó su artículo “Mármol y los dos ojos del romanticismo” hace referencia al propio trabajo de los ojos: Contorno. El gesto de Mercedes Halfon consiste en devolverle al estrabismo su condición patológica y singular, para ir diagramando una autobiografía siempre desequilibrada, desenfocada, dispar, perdida en la brevedad del desvío.

A corta distancia del ensayo, el relato de Halfon explora consultorios oftalmológicos mientras intenta una tardía reconstrucción de su propia historia clínica, al fin y al cabo —tras la muerte de sus primeros oculistas— a la deriva. Una supuesta caída por las escaleras durante una reunión familiar, en la más temprana infancia, adquiere el rango de mito de origen del estrabismo. Según la abuela, desde aquel golpe, los ojos de la niña dejaron de ir en la misma dirección. Como una pareja “que no logra ponerse del todo de acuerdo para bailar”, escribe Halfon. Siempre atenta al modo en que los ojos operan en lo cotidiano, se detiene en una discusión que escucha caminando por la calle: “No te quiero ver más”. Las parejas hablan de verse o dejar de verse con total naturalidad, como si amar o dejar de amar fuera una forma de ver o dejar de ver.

El trabajo de los ojos es también una breve historia de la investigación óptica: Georg Bartisch, Joseph-Antoine Ferdinand Plateau y Louis Braille son algunos de los nombres célebres de la disciplina. Inventar aparatos para extraer ojos enfermos, quedarse ciego mirando el sol, tratando de entender el efecto de la luz sobre el ojo, diseñar un sistema de lectura y escritura para ciegos. Halfon revisa los casos de Tiresias (que habría quedado ciego por algo que vio), Edipo (que se arrancó los ojos cuando por fin vio quién era realmente) y Homero (origen ciego de la cultura occidental). Por otro lado, Sartre y Kirchner, el estrabismo como rasgo de identidad, como efecto diferenciante.

El músculo que no logra controlar el movimiento del “ojo díscolo” acaba muchas veces dando lugar a lo que se llama ambliopía u “ojo perezoso”, perdiendo la visión por completo. “Siempre fuerzo el ojo más débil, en mi caso el izquierdo, para ver las cosas que están lejos. Es una máxima que puedo aplicar a otros aspectos de mi vida. En vez de apoyarme en lo que funciona bien, pongo sistemáticamente la energía sobre lo que falla. Es un mecanismo de la crítica”, escribe en las primeras páginas de su ensayo estrábico autobiográfico. De esta novela breve sobre una mujer que escribe y observa el advenimiento de un hijo que heredará o no el desquicio del enfoque materno.

 

Mercedes Halfon, El trabajo de los ojos, Entropía, 2017, 80 págs.

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