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Episodios de cacería

Jimena Néspolo

LITERATURA ARGENTINA

Novela de aprendizaje, legado insurgente o expediente testimonial, hay algo en la corriente continua que alimenta Episodios de cacería que hace pensar que está construida en un cruce entre diversas energías. De estructura breve y compacta en principio —cinco momentos declarativos y una carta en casi noventa páginas—, la puja de los componentes que le dan su volumen la hace estallar enseguida en un abanico de referencias múltiples. La postulación de una serie histórica, de otra cultural, un acercamiento cauteloso al tema de las religiones, cierta arquitectura futurista, un Estado a la 1984 y un español misturado que recoge expresiones neutras, onomatopéyicas, rioplatenses o de cadencia mexicana son algunos de los subproductos que oscilan, se entretejen o disipan una vez que ocurre la fisión original.

Artemisia —imposible no asimilarla a la imagen que ilustra la portada del libro: un link logradísimo— es una muchacha de veintiún años recién cumplidos. Su mundo es extraño, modular. Una “Casa Monacal”, la “Comarca” y la figura docente de la “Maese Loreto” le dan al relato una pátina de antigüedad premoderna. La “webósfera” y el “pornopolitiks”, un sistema de gobierno concebido como para reblandecer a las masas y cuya primera figura es un performer ubicuo y polivalente capaz de seducir tanto a los niños —su creación infantil es “Popolín”— como a los adultos —su última producción triple XXX es “La quinta pata del ciervo”—, lo empujan hacia adelante. En ese marco convergente, ella, aprendiz que quiere graduarse de “Hermana” para ingresar a la logia de mujeres sabias, guerreras y redentoras lideradas por la Maese Loreto, incurre casi por azar en un atentado. Será este, el último de los episodios, el que reenvíe a Artemisia al comienzo: nosotros nos la encontraremos ante una “Excelentísima Comisión” que la acusa y frente a la que ella presta declaración.

Episodios de cacería podría ser, entonces, una suerte de documento anacrónico, la transcripción a una lengua como la nuestra de aquello que Artemisia dirá en un juicio que se sigue en su contra (de ello darían fe, además, las tachaduras, una marca gráfica que en el texto puntúa lo que el Estado policía considera residuo o remanente). A su vez, la primera persona y las referencias constantes al derrotero de una vida excéntrica le concederían cierto tono intimista, como de diario personal. La cosa política, sugerida o explícita en la organización estatal y en las dinámicas subversivas en las que se enrola la “Logia”, haría de los episodios una crónica insurgente. Y la desconfianza que muestra Artemisia entre lo que se dice y lo que se comunica los ubicaría quizás en un contexto en el que se huele el aire fétido que sopla entre los discursos y los hechos conocidos. Toda la fuerza de impacto de este combate de las hijas de Diana se apoya en la amalgama de esa paleta diversa, elástica e imaginativa.

 

Jimena Néspolo, Episodios de cacería, Santiago Arcos, 2015, 92 págs.

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