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LITERATURA ARGENTINA

Guionada y dibujada por Juan Sáenz Valiente, La Sudestada combina elementos del drama y la novela negra policial, pero sus remisiones temáticas, estilísticas y estéticas clausuran toda posibilidad esquemática: se trata de una novela gráfica que exhibe sus desplazamientos y redefiniciones genéricas al mismo tiempo que juega en los bordes de ciertos estilos consolidados y previsibles. La trama transcurre en parte en un Tigre de variados grises y tintas esfumadas con aguadas y lavados, pero los riachos, humedades y lodazales contrastan con las páginas dedicadas al escenario urbano, donde es posible reconocer una textualidad gráfica de reminiscencias arltianas: frente al retiro del Delta, la modernidad caótica de la ciudad. En los últimos años, el cine (y especialmente las series) ha construido decenas de ficciones a partir de este arquetipo miserabilista de la literatura industrial, pero La Sudestada, aunque estéticamente nos ubique frente a la pantalla (la narrativa gráfica de Sáenz Valiente es visiblemente animada), tiene por trasfondo las historias y la cadencia rítmica de las historietas y novelas policiales. Los problemas de Isidro Parodi y el humor intelectual de Boggie el aceitoso se cruzan como lecturas o capas de sentido en la imaginación del dibujante.

Villafañez, el protagonista, es un investigador privado de esos que abundan en las producciones berretas sin matices: pesimistas y matones a sueldo que conservan, sin embargo, cierta moral y sentido de la justicia que los hace en algún aspecto queribles. Siegfried Kracauer explicaba que el detective prototípico del policial “no tiene la insaciabilidad del aventurero, su constante esperanza ni su constante desilusión; no vaga sin destino en el desierto para alcanzar lo que ha perdido, sino que, antes bien, los ‘casos singulares’ se topan con él o le son asignados. Fuera de esa infinita secuela, ya no desea otra cosa”. Y ya sabemos que las reglas del policial se han desplazado hacia zonas impredecibles, que el detective o investigador privado de rostro rasurado y oficina mugrienta, ese sujeto que es siempre igual a sí mismo, sólo persiste como parodia o arquetipo en desuso. Quizá por eso Villafañez nos interpela desde su triste humanidad: conserva del estereotipo el olfato del método deductivo y las bajezas de un viejo zorro. Sin embargo, no ambiciona resolver los enigmas del encargo, más bien, su derrotismo lo acerca “al otro círculo de los violentos”: el de esos personajes que no resisten una saga y cuyas intrigas resultan olvidables. Lo original no está en el caso (o la falta de él), sino en la personalidad y la fisonomía complejas de un sujeto excepcional: un detective fofo y rutinario conmovido hasta el paroxismo cuando una coreógrafa veterana danza eróticamente bajo la lluvia. La Sudestada es un policial y una historia de pasión rancia con felicidad módica. Y sin crímenes, más allá del paso del tiempo.

 

Juan Sáenz Valiente, La Sudestada, Hotel de las Ideas, 2015, 126 págs.

8 Oct, 2015
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