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Leonora Balcarce es mayormente conocida por sus trabajos como actriz en cine y televisión. Como escritora ha publicado dos libros. El primero, Una perla en la arena (2024), es una novela de tinte autobiográfico sobre una madre fría y fabuladora, obsesionada con su anhelo de pertenencia a una aristocracia porteña cada vez más en ruina y con una inclaudicable ambición por sostener a cualquier precio una vida de lujos de mujer de clase alta. Tapados de visón, su segundo y más reciente libro, es una colección de trece cuentos que pueden verse como desprendimientos temáticos o de escenas emparentadas o ya sugeridas en su libro anterior, pero abordados esta vez con un tratamiento distinto.
En el texto de contratapa, la escritora Marina Mariasch señala que Leonora Balcarce “tiene lo que se necesita para escribir buena literatura: falta de pruritos”. También, la habilidad de volver vívidos un ambiente, una situación o un personaje con una descripción sencilla y una secuencia narrativa acotada. Los relatos de Tapados de visón son cuentos en un sentido clásico: comienzan en una situación que termina en otra; pero ese paso intermedio que hace a la trama, Balcarce lo desarrolla sin parates por parte de sus narradores, que no se detienen nunca a reflexionar ni mucho menos a juzgarse a sí mismos o a los personajes. A diferencia de la voz llena de excesos verbales y falseamientos de Sara, la narradora de Una perla en la arena (que podría verse como una imaginaria descendiente de alguna mujer sacada de una novela de Puig, pero trasplantada a una novela de Copi, en la que aprendió a moverse con malicia), los narradores de estos cuentos (en algunos de ellos son a su vez personajes) se caracterizan por la economía de lo narrado; incluso a veces, aunque no siempre, por su sobriedad. La filosofía de estas historias pareciera ser: los hechos que aquí se exponen hablan por sí mismos. Y de lo que hablan es de seres que rondan un desequilibrio que no llegan a dimensionar del todo; vidas que se mueven como en el borde de una cornisa y que Balcarce, al exponerlas, nos hace ver en sus caídas. Por momentos, son piezas casi minimalistas, y por el ambiente que establecen y la ambigua neutralidad que asumen o cierta parquedad subjetiva respecto de los perturbadores hechos que cuentan, se los podría emparentar con la tradición del realismo sucio norteamericano. En el relato que da título al libro, para contar el origen de un incendio, Balcarce lo hace de este modo: “Ivonne estaba en su cuarto jugando a que lavaba ropa a orillas de un río. La ropa era un pañuelo de seda que le había sacado a su madre y el río, una estufa de cuarzo que estaba prendida al máximo. Era pleno invierno, hacía mucho frío y la casa era difícil de calentar, no alcanzaba con que estuvieran prendidas las dos chimeneas. Beth y Gertrudis charlaban en la cocina en la otra punta del departamento. Cuando Ivonne puso el pañuelo a secar a orillas del río, automáticamente se volvió fuego”. Hay además en Tapados de visón una suerte de núcleo temático que actúa por reiteración: la presencia de la muerte, que aparece en buena parte de los relatos. A veces está sugerida por escenas confusas, como en los dos primeros cuentos (¿el final de “Cartílago” es la omisión de la muerte efectiva de Lucía, esa hija tímida y ejemplar a la que su madre expone a una cirugía para usar el cartílago de sus orejas en su cirugía estética de nariz?; ¿muere ese anónimo bombero que ingresa al rescate de la niña Beth, enviada por su madre a buscar su tapado de visón dentro de una casa en llamas?). En otras ocasiones, resulta explícita: una mujer que va a su encuentro en el mar, casi sin darse cuenta; una madre que, tras el abandono de un esposo obsesionado por el cambio de alimentación, ingresa en una crisis que la deja desnutrida. Incluso pueden ser animales los que mueren: un perrito rescatado de la calle, o un sapo usado como parte de una práctica de brujería. Cuando la muerte sucede, aparece como el acto fatal que es, pero también como un hecho casi intrascendente y consignable con una simple oración: uno más entre los distintos infortunios que cruzan la vida de casi todos los personajes del libro.
Leonora Balcarce, Tapados de visón, Mansalva, 2025, 128 págs.
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