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El comienzo del paraíso

Edmundo Paz Soldán

LITERATURA IBEROAMERICANA

El cambio climático desafía la lógica narrativa. Plantea el problema de cómo dar sentido, desde la ficción, a ámbitos que desbordan la percepción humana: los microorganismos, la amenaza nuclear o la vida abisal. Los cuentos de El comienzo del paraíso, la última colección del boliviano Edmundo Paz Soldán, abordan esta problemática a través de diversos subgéneros de la ficción especulativa. La colección explora la vasta división de escalas espaciotemporales —de lo microscópico a lo planetario y del tiempo prehumano al posthumano— mediante una estructura fragmentaria que sigue los pasos de múltiples personajes alrededor del mundo. Por eso no sorprende que los árboles y, en menor medida, las arañas ocupen un lugar central. Paz Soldán utiliza la metáfora de la red —tan cara al ambientalismo como a la lógica del mundo digital— como una estrategia narrativa para acceder a fenómenos invisibles, no lineales y de largo alcance.

Paz Soldán se siente especialmente atraído por el subgénero del horror vegetal, que en América Latina tiene sus antecedentes en la novela de la selva. En el cuento que abre la colección, “El increíble hombre del pantano”, un piloto cuyo avión caza es derribado por el ejército enemigo se hunde en un pantano donde yace una “entidad desconocida”. Este descenso a la vida microbiana del pantano —reminiscente de Aniquilación de Jeff VanderMeer y de Swamp Thing de Alan Moore— transforma al piloto en una criatura mitad humana, mitad vegetal, incluso en el plano de la conciencia (un guiño evidente a la filosofía del pensamiento vegetal de Michael Marder, Stefano Mancuso y otros). En “Soy una tortuga”, una mujer muda a la que le han implantado un microchip en el cerebro logra traducir mediante un celular no solo sus propios pensamientos, sino también los de una tortuga. En “Sideral”, la filosofía transhumanista se manifiesta en una exposición de “bio-arte transgénico” (que evoca a Tomás Saraceno y Eduardo Kac) donde arañas fluorescentes pican a empleados del museo, iniciando una mutación que “terminaría desarrollando una nueva especie”.

Como sostiene Paz Soldán en la sección de agradecimientos, “La reserva del puma” es una reescritura de Infierno verde de Alberto Rangel, texto fundacional de la tradición literaria que representa la Amazonía como paraíso perdido y como sitio de explotación durante el boom del caucho. El cuento es un collage de fragmentos que intentan reconstruir la muerte de dos jóvenes danesas en las selvas del norte de La Paz. Los árboles de la reserva han sufrido una mutación causada por los microplásticos, que les han otorgado una apariencia sintética y han convertido a cinco de ellos en “árboles asesinos”, presuntos culpables de estrangular a las jóvenes turistas. La innovación de Paz Soldán en este subgénero radica en su mirada microscópica: para resolver el crimen no basta con reconstruir el trayecto de las jóvenes; también es necesario prestar atención a las transformaciones bacterianas en la selva.

Otros cuentos colapsan tiempos heterogéneos para mostrar las continuidades entre diversos procesos de extracción de recursos. “Mi problema con los fantasmas” transcurre entre la época de la fiebre del oro y los incendios en la California actual; los descendientes de los inmigrantes que, hace dos siglos, viajaron a California en busca de El Dorado se han convertido en habitantes de las zonas de sacrificio contemporáneas. “Aire” transcurre en un futuro en el que el planeta se ha vuelto inhabitable y solo sobreviven seres posthumanos que extraen minerales. Este cuento marca el retorno de Paz Soldán al imaginario de su novela Iris, de 2014. Aquí el terror cósmico no deriva de las criaturas no humanas que habitaron el planeta en tiempos remotos (los Antiguos de H.P. Lovecraft), sino de “los antepasados” humanos a los que estos cíborgs aniquilaron en su totalidad.

La extinción opera como principio organizador de un elenco heterogéneo de personajes: los conservacionistas que buscan salvar al búho manchado (“Mi problema con los fantasmas”); los cazadores para quienes la extinción es una industria, así como los tecnooptimistas que recrean la naturaleza perdida a través de hologramas, clones y proyecciones aumentadas (“Animales de la península”); y los exploradores del fondo oceánico, protagonistas de un relato que enlaza la extinción de especies con la exclusión de las mujeres de la historia científica (“Las enloquecidas estrellas”).

El horizonte de la ficción reciente de Paz Soldán ya no es lo global, sino lo planetario. Mientras que en novelas más tempranas como El delirio de Turing (2004) exploraba la violencia política a través de la criptografía, en su último ciclo de ficciones aborda la relación entre la inteligencia artificial y el cambio climático. Estas obras se interrogan, como lo hace Graciela Speranza en Lo que no vemos, lo que el arte ve, sobre los fenómenos de nuestro tiempo que han contribuido a una visión “paradójicamente ciega; todo está iluminado pero no lo vemos”. La poética planetaria de Paz Soldán relee la globalización a la luz del cambio climático y la extinción de especies, proponiendo redes interespecie —antes que financieras— para pensar los problemas más urgentes de nuestro tiempo.

 

Edmundo Paz Soldán, El comienzo del paraíso, Páginas de Espuma, 2025, 160 págs.

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