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La compañía

Verónica Gerber Bicecci

LITERATURA IBEROAMERICANA

En la primera parte de este artefacto narrativo, las fotografías y los diagramas en blanco y negro acompañan —en clave de fotonovela vanguardista— un relato inquietante y claustrofóbico, en el que una familia se traslada a una casa remota, donde convive con dos personajes opuestos: máquina (una aliada) y la Compañía (una amenaza terrible). En la segunda parte, una crónica de viaje fragmentaria —texto blanco sobre página negra— nos conduce al pueblo donde ha estado ambientada la ficción previa, Nuevo Mercurio, en Zacatecas, para dibujar mediante la alternancia de testimonios, citas en inglés, ilustraciones y planos, una historia de extracción, contaminación, impunidad y abandono.

Con La compañía —un libro importante y el mejor de su autora—, Verónica Gerber prosigue investigando en una línea creativa y creadora que no se parece a ninguna otra de este cambio de siglo. En las solapas de sus obras se define como una artista que escribe; no es de extrañar que sus procedimientos, por tanto, provengan en parte del arte contemporáneo: apropiación, diseño gráfico, fotografía, dibujo, arquitectura, archivo. Pero se combinan con otros recursos de carácter sobre todo literario, como la poesía documental, la historia oral o la fe en la capacidad de comunicación y de magia del formato libro. La combinación armónica de unos y otros da lugar a una estructura heterodoxa y fascinante, a una historia de minería y violencia que no sólo revela el dolor colectivo de una región sometida sino también el de todo un país que no acaba de superar las subordinaciones coloniales.

Al amparo conceptual de libros tan sólidos como Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (2013), de Cristina Rivera Garza; en la incipiente tradición de poetas de la reescritura y el remix como Sara Uribe; y en sintonía moral con operaciones periodísticas como la que ha liderado Marcela Turati en El país de las dos mil fosas (2019), Gerber expande hacia su propio universo de traducciones visuales y conjuntos vacíos esos y otros modos afines de excavar artísticamente en la historia de México. A mí, no obstante, me ha recordado sobre todo a La jetée (1962)de Chris Marker, un cortometraje de ciencia ficción con ritmo de relato literario, técnica fotonovelística en blanco y negro, aspecto falsamente documental y horizonte postapocalíptico. Gerber también imagina, en un paisaje en ruinas, un viaje en el tiempo e hibrida materiales y estrategias diversas para convertirlo en una narración intensa y memorable.

 

Verónica Gerber Bicecci, La compañía, Almadía, 2019, 199 págs.

 Imagen: detalle de la página 49 de La compañía, de Verónica Gerber Bicecci, Almadía, 2019.

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