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La memoria es un animal esquivo

María del Mar Ramón

LITERATURA IBEROAMERICANA

Recordar es un trabajo de edición textual: se recuerda como si en la memoria se alojaran parcialmente los acontecimientos y, sin embargo, cada vez que se realiza la operación del recuerdo, los hechos sufren sutiles alteraciones. Y es que la memoria, antes que verídica o verdadera, es emocional.

La memoria es un animal esquivo, de la colombiana María del Mar Ramón, convierte el recuerdo en objeto y materia de composición de la novela, como género basado en una administración literaria del tiempo. El narrador y personaje principal se llama Juan Francisco y nos cuenta su relato de vida como una forma de ordenar la historia familiar. Una narración cuyas palabras discurren como en un prístino torrente de aguas sentimentales: se trata de un libro que desarma las perspectivas de los personajes para ver, en paralelo, cómo se configuran temporalmente las formas afectivas. 

En este sentido, si la literatura trabaja voluntaria o involuntariamente con recuerdos, pero también con invenciones, acá esos elementos se vuelven parte del tema: un Yo-narrador que selecciona, sopesa, le da sentido a lo recordado, y en ese trabajo arma un relato mayor, a pesar de sus incongruencias internas. A partir de esos desplazamientos, el libro expone que “contar una vida” es, inevitablemente, decidir narrativamente el sentido de lo vivido: hacerlo texto. Para ello, Ramón propone un recorrido organizado en capas sutilmente solapadas. La voz de Juan Francisco funciona como eje ordenador de una serie de subrelatos, un compendio de puntos de perspectiva de cada integrante de su familia, pero también de su trayectoria como artista, que se convocan entre sí sin tender a una cronología lineal de sucesos. La vida de este narrador es el hilo conductor, pero su función es mucho más que confesional: guía, orienta, decide consecuente con las emociones de cada uno de sus puntos de inflexión— toda vez que desvela la operación afectiva que configura su ciclo vital. Por lo tanto, es un acierto autoral cierta armonía entre la tesis —la memoria como trama afectiva y emocional— y la forma —una primera persona que ordena subrelatos desde lo que siente—; como también es un mérito de composición que cada personaje protagonice distintos segmentos de la novela, haciendo que lo verosímil se ubique por encima de lo veraz.

Ramón trabaja con una notoria pericia poética. La experiencia de lectura está regida mucho más por lo sensorial, sin tomar distancia de reflexiones y miradas que se cuelan sobre el amor, la familia, la vida, el arte. La novela hace así que la memoria se vuelva una sustancia tangible, (des)haciéndola texto —inestable, resbaladizo—. Porque leer la memoria no es reducirla a dato, sino alzarla en tanto símbolo y testimonio de la afectación entre las personas. Por lo que también, entonces, es un posicionamiento estético sobre el recuerdo como género de edición literaria: recordar es reescribir.

María del Mar Ramón, La memoria es un animal esquivo, Concreto, 2025, 296 págs.

25 Sep, 2025
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