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MÚSICA

Un músico solo en escena que combina instrumentos acústicos con procesos electrónicos para construir, a través de sobregrabaciones hechas en vivo, lo que uno, si no estuviese allí viéndolo, pensaría que es producto de un grupo de músicos tocando a la vez, no es algo que ya sorprenda hoy en día. Se trata de posibilidades tecnológicas conocidas, al alcance de muchos, y que han sido probadas por numerosos intérpretes con éxito diverso. Quien toca en este caso es, además, un reconocido virtuoso de la ejecución de instrumentos de viento. Pero esta condición es un arma de doble filo, y son muchos los casos de ejecutantes de gran maestría técnica que están más cerca de ser veloces robots o monos de feria que artistas. Sin embargo, no estamos frente a una solución para hacer música sin depender de otros intérpretes, ni tampoco frente a una mera construcción de una base armada con loops interminables que sirven como soporte armónico-rítmico a la letra de una canción o de un solo instrumental.

¿Qué es, entonces, lo que transforma lo que podría ser un espectáculo cuasi circense, donde nos deslumbramos con un dispositivo técnico, en una obra significativa y destacada? Cuando Marcelo Moguilevsky silba la misma melodía que improvisa al piano con la naturalidad y la precisión de quien respira; cuando transforma un papel que se arruga en música, hace un solo impresionante con un flautín, logra sonidos interesantes con un shofar o exprime cualquiera de los tantos aparatos que lo rodean cuyos nombres desconocemos, obliga a recordar que un instrumento no es más que aquello que sirve de medio para hacer algo o conseguir un fin, y que la música es el músico y no la tecnología con que la lleva a los oídos del público.

A su vez, la combinación de la ejecución instrumental de una música difícil de clasificar dentro de las características de los géneros habituales, con la lectura de textos literarios que se integran a esos sonidos como si fueran uno más, completa su efecto con la puesta en escena. Dos escasas filas de sillas que rodean al artista en el centro de la sala en penumbra, apenas separado del público por un juego de luces y un arsenal de objetos a hacer sonar que irá eligiendo según considere necesario, generan un clima que potencia lo meramente sonoro. La cuidada edición en CD y DVD transforma el evento, esa instancia tan difícil de reproducir, en una película que no se limita a documentar el concierto, sino que aporta una forma extra a esta triple experiencia sonora, corporal y narrativa, a esta posibilidad de ser, al menos por un rato, parte de una vida musical, de un modo musical de vivir y entender y estar en el mundo.

 

Marcelo Moguilevsky, Buey solo – En vivo en Café Vinilo (CD + DVD), Vinilo Discos, 2013.

28 Nov, 2013
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