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Canción sobre canción

Liliana Herrero

MÚSICA

El disco de Liliana Herrero se llama Canción sobre canción y ya desde el título nos sugiere varias cosas sobre Fito Páez. ¿Es un disco “a propósito” de sus creaciones? ¿Una reflexión musical “acerca de” las posibilidades que abre la obra de Fito? Me inclino a pensar en esto último, llevado a cabo con la forma de un curioso palimpsesto, es decir, una escritura encima de huellas que se han impreso en las generaciones posdictatoriales.

Pero otra idea subyace. ¿Se trata de una antología? Esas selecciones, a veces canónicas y autoritarias, siempre dejan algo afuera. En este caso, Herrero no eligió necesariamente “las mejores” canciones de Páez. No están, por ejemplo, sus tempranas “Viejo mundo”, “Cable a tierra” o, lógicamente, “Polaroid de locura ordinaria”, ni “Un vestido y un amor”, “Naturaleza sangre”, “La casa argentina” o “Acerca del niño proletario”, con la que Fito intentó la proeza de reducir a pocos minutos de música el cuento de Osvaldo Lamborghini. El disco, en ese sentido, es un reconocimiento de que al autor le sobran perlas para incluir en un solo cofre, cuando la misma idea de objeto o compilación es puesta en entredicho en las escuchas libradas al random del algoritmo.

Entonces, Páez. Cantautor que, además, se ha distinguido como ningún otro, incluso más que Charly García, por el uso del piano y su funcionamiento como complemento indispensable de la misma canción. Por lo tanto, desde el momento en que salimos de una voz tan codificada y a veces problemática como la del rosarino (especialmente con el correr de los años) y entramos en el mundo interpretativo de Herrero, la promesa de algo distinto está latente. Todo lo que pasa a través de su garganta y sus pulmones experimenta una transformación peculiar. Habría que atribuirlo al modo de dramatizar el texto y ponerlo en escena, al uso del vibrato y a todo lo que hace que trastabille la melodía. También a los usos de los silencios y las intensidades. No siempre esos recursos surten el mismo efecto virtuoso. Lo que permanece en Herrero es la intención constante de arrancar la canción de una zona de tranquilidad.

El otro principio de la reescritura en la música de tradición popular tiene que ver con aquello que se entiende por “arreglo” (es decir, con el modo en que ha sido escuchado un tema preexistente). Las canciones, en este caso, fueron trabajadas sobre “ideas” del guitarrista Pedro Rossi y el bajista Ariel Naón. Se las sustrajo de la retórica y la electricidad del rock para acercarlas a una sutileza y amplitud que asociamos más con el MPB y otras fusiones (por ejemplo, Aca Seca Trío). “Giros”, “Carabelas nada” y “Del 63” se ofrecen como pruebas de esas intersecciones.

Canción sobre canción extrae de los originales potencialidades escondidas. El tránsito arroja resultados memorables. La versión de “Dejarlas partir” borró los teclados y las reverbs; el efecto del despojamiento (hay sólo guitarra y voz) es desgarrador. Uno no puede sino quebrarse como el sujeto de la canción. Lo mismo podría decirse de “Ámbar violeta”. En este caso, Herrero se acompaña del contrabajo de Naón y del bandoneón de Federico Siksnys para demostrar otra vez toda la fuerza que puede encerrar la austeridad. “Mariposa tecknicolor” nos lleva al Páez más exitoso y, si se quiere, remanido. Un desafío mayor es el de deconstruir lo que muchos conocen de atrás para adelante. Herrero y su grupo logran sacar la canción de ese centro emotivo y construir uno nuevo, donde brillan también los pasajes instrumentales, con el añadido del uruguayo Fernando Cabrera para dar cuenta de qué alianzas musicales está hecho este disco (y decir “disco”, a esta altura de la desmaterialización, es ya una osadía, en parte posible por los esfuerzos de su productor Nahuel Carfi de documentar la experiencia con su sello Elefante en la Habitación!).

En tiempos de una saturación que es a la vez sequía y futilidad, Herrero y los suyos no sólo nos recuerdan lo importante que ha sido la música de Páez. Tuvieron también el coraje y la imaginación de embellecer aún más las muy bellas canciones que son parte del aire. Estamos frente a un disco hermoso. Muy hermoso.

 

Liliana Herrero, Canción sobre canción, Elefante en la Habitación!, 2019.

 

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