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ChangesNowBowie

David Bowie

MÚSICA

David Bowie no siempre salió victorioso de la empresa de personajes que configuró a lo largo de su carrera. Una cosa es la meditada muerte de Ziggy Stardust —que le allanó el camino a su etapa estadounidense— y otra muy distinta es la fuga a Berlín para salir de su máscara más opresiva: Thin White Duke. En los noventa, el artista nacido como David Jones volvió a sentir la desesperante necesidad de reinventarse y se lanzó a la escena electrónica con la misma determinación que había tenido años atrás para conectar con el Philly soul. El resultado, sin embargo, fue ambiguo. Por un lado, logró cortar la parálisis creativa que había dominado su producción durante la mayor parte de los años ochenta. Por el otro, su esfuerzo en ser vanguardia terminó en un agotamiento que le dio paso a su versión más íntima.

El Bowie de los noventa se caracterizó por una búsqueda: explorar las posibilidades del drum and bass para interrogarse por la muerte del siglo XX. La pregunta comienza en el irregular Black Tie White Noise (1995) y termina en el nervioso Earthling (1997). En el medio, está Outside (1995), el asfixiante y súper narrativo álbum de fin de milenio que hace dialogar a Scott Walker, William Burroughs y David Lynch. Una desmedida voluntad de obra maestra que corta el oxígeno, pero tiene recompensa: de esa aventura salió “Hallo Spaceboy”, la pieza que junto con “Space Oddity” y “Ashes to Ashes” forma la trilogía de Major Tom. Una posible explicación para ese periodo es que Bowie, además de sus constantes exigencias conceptuales, estaba atravesando un dilema personal: llegar a las cinco décadas de vida.

Mientras se preparaba para una fiesta en el Madison Square Garden (una suerte de homenaje a sí mismo, pero también a sus influencias recientes), Bowie participó de un especial de la BBC donde presentó versiones de sus primeros trabajos que funcionan como apéndice de una etapa excesiva. Son canciones en su mayoría iniciáticas que, sin la urgencia avasallante de la juventud, suenan despojadas de un elemento clave de su obra: la tragedia. Es como si en medio de su carrera hacia el futuro, el inquieto Bowie hubiera decidido tomarse un respiro y mirar su larga estela. La voz que atraviesa los temas se escucha serena, reconfortante y casi desnuda. Se destacan dos versiones de su hard rock de los setenta: “The Man Who Sold The World”, la sombra de Lovecraft que lo sigue durante años, y “The Supermen”, el encuentro de la ciencia ficción con Zaratustra. También tres piezas de fascinación temprana: “White Light/White Heat”, de la banda que lo llevó a Nueva York, The Velvet Underground; “Andy Warhol”, sobre el cerebro de The Factory, y “Lady Stardust”, una oda glam donde conviven Vince Taylor y Marc Bolan. Pero la magia está reservada para el final. El último tema es una versión en calma de “Quicksand”, la semilla de todo lo que vendría después. Nietzsche, Crowley, Marte, ocultismo, paranoia, soledad y una verdad detrás de todas las máscaras: el conocimiento llega con la liberación de la muerte.

 

David Bowie, ChangesNowBowie, Parlophone Records, 2020.

11 Jun, 2020
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