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La galaxia caníbal

Cynthia Ozick

OTRAS LITERATURAS

La literatura de Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) es un muestrario de erudición mordaz, irónica, de humor satírico; su escritura, robusta, acerada, es sobre todo un surtidor de metáforas de una singularidad y precisión infrecuentes; el cincelado de la frase, su blasón poético. Los personajes de Ozick basculan entre la asimilación y el rechazo de la tradición judía, un dilema encarnado en la figura del judío norteamericano, cosmopolita y tradicionalmente religioso. En lugar de la indecisión, sus personajes asumen la representación de un origen escindido en un mundo estrábico. Ahí está la proteica Ruth Puttermesser, protagonista de la episódica y disparatada Los papeles de Puttermesser (1997), para demostrarlo. O Lars Andemering, supuesto hijo de Bruno Schulz siguiendo el rastro del manuscrito perdido de su padre en El Mesías de Estocolmo (1987). A veces, cuando la tensión intenta ser resuelta, sobreviene el infortunio, como a Isaac Kornfeld en El rabino pagano (1971). En ocasiones es un dueto el que se reparte las visiones opuestas de la tensión en juego, como Rose y Stella en “El chal” (1989), relato de argumento desolador y simbolismo concentrado. Incluso en las novelas que acusan mayor influencia de su admirado Henry James, como Los últimos testigos (2004), la identidad es el centro difuso en el que pivotan sus personajes.

Joseph Brill, protagonista de La galaxia caníbal, no es la excepción. Nace en París, en el seno de una familia judía ortodoxa. Cierto día de su infancia entra en un museo que confunde con una iglesia y se encandila ante el retrato de Madame de Sévigné creyéndolo una representación de Raquel, matriarca de Israel; este recorrido inaugurará “el camino indirecto”, que constará de recorridos culturales alternativos a la educación recibida. Un escarceo amoroso con la literatura y con un compinche desairado lo acercan a la astronomía, donde intenta hacer carrera buscando un lugar impoluto en las estrellas. Durante la ocupación nazi, unas monjas lo alojan en el sótano de una escuela religiosa; la lectura es el único bálsamo contra esa monotonía oscura y húmeda; libros no faltan: en la copiosa biblioteca del sacerdote toma contacto con el elusivo Edmond Fleg, cuya vocación sincrética (“él une todas las visiones sin sacrificar ninguna”) cautiva a Brill y lo lleva a acariciar la idea de ser maestro. Al término de la ocupación intentará retomar la astronomía, pero debido a la sensación de mediocridad que lo rodea decide emigrar a Estados Unidos, donde funda y dirige la Escuela Primaria Edmond Fleg basándose en un plan de estudios de su invención, el “Programa Dual —una mitad concentrada en los Tesoros de la Cultura Occidental; la otra consagrada, en sus lenguas originales, al Invaluable Legado de las Escrituras y sus Comentarios—”. Pese a sus esfuerzos, Brill acaba por acostumbrarse a lidiar con la mediocridad en sus distintas variantes. El anhelo de “atrapar con su mano una mente nueva, arcilla fresca, una inteligencia precoz para empezar de nuevo” es obturado por madres que son “reflejos antagónicos fermentados en el proyecto de las estrellas”. Por eso se entusiasma cuando conoce a Hester Lilt, una madre intelectual, fría y distante como el cosmos. Sin embargo, la hija de Lilt carece de la inteligencia y perspicacia de su madre. Brill compara a Lilt con una galaxia caníbal, “aquellas colonias megalosaurias de gases primordiales que devoraban a las galaxias más pequeñas”. La metáfora se hace extensible al vínculo entre la intelectual y el director y a la tensión desde la perspectiva judía entre Europa y América. Como en buena parte de las ficciones de Ozick, asistimos al ascenso y caída crepuscular de Joseph Brill (no es casual que el apellido sugiera un brillo en decadencia). Ya adelantamos bastante. Agreguemos que La galaxia caníbal, publicada en 1983, es la segunda novela de Ozick y el tercer libro de la autora que publica Mardulce en magníficas traducciones de Ernesto Montequin.

 

Cynthia Ozick, La galaxia caníbal, traducción de Ernesto Montequin, Mardulce, 2017, 280 págs.

21 Sep, 2017
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