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Sumisión

Michel Houellebecq

OTRAS LITERATURAS

Los personajes de Michel Houellebecq siempre atacan el humanismo y la socialdemocracia, en digresiones que además de política y sociología, incluyen historia y literatura. Los personajes de M. H. siempre piensan en el suicidio. A los personajes de M. H. siempre se les mueren los padres. Los personajes de M. H. acostumbran encontrar a una mujer, a menudo extranjera, que los alivia temporalmente. Los personajes de M. H. siempre acaban haciendo algún tipo de turismo desganado, en relatos que acostumbran a partir de París hacia pueblos medievales o destinos post-exóticos. Sin embargo, seguimos leyendo sus novelas, porque esas y otras constantes siempre son sometidas a variaciones que introducen un factor muy M. H.: el desafío. Se desafían a sí mismas: tienen que ser fieles a un estilo y a un mundo bastante cerrados; y al mismo tiempo, introducir la dosis necesaria de novedad. Pero sobre todo nos desafían a nosotros: siempre hay ideas o tesis fuertes, a contrapelo, más o menos incómodas, como columna vertebral de sus ficciones.

En este caso, como es sabido, se trata del auge del partido de los Hermanos Musulmanes en Francia, que conduce al poder a un líder fascinante, Mohammed Ben Abbes. Pero la política ficción, en un futuro cercano, se desarrolla en un segundo plano, el que narran los medios de comunicación y algunos personajes bien informados. Sumisión no personaliza ese cambio brutal en la historia de Europa en quienes lo conducen, sino en quienes lo apoyan o lo rechazan tímidamente desde sus cátedras universitarias. El protagonista es un profesor titular que asiste a la transformación de La Sorbona en un centro financiado por Arabia Saudí, marcado por el velo y por los matrimonios polígamos de su profesorado masculino con sus jóvenes alumnas. El desafío, por tanto, es doble. Por un lado, el escritor se propone entender el Islam más inteligente, construir discursivamente una versión verosímil de unos hechos improbables, dando voz a personajes que se han convertido a la fe de Mahoma. Por el otro, el escritor se propone algo todavía más difícil: comprender el mundo académico, él que es autodidacta, penetrar en el lodo de los eruditos, las revistas indexadas, los departamentos y los doctorandos. Ambos retos son superados con maestría.

Sin ningún giro radical, alternando la trama con dos niveles ensayísticos (el principal, sobre Huysmans; el secundario, sobre la política francesa contemporánea y la incursión islámica), Sumisión tal vez sea la novela más local de Houellebecq. El número de referentes de personajes históricos, políticos, intelectuales y literarios franceses es altísimo, como suele ser habitual también en la filosofía de ese país. A mi juicio ese hecho expulsa al lector que no esté particularmente interesado en la actualidad del Frente Nacional o del Partido Socialista Francés, ni en los autores secundarios del siglo XIX parisino. Al mismo tiempo, que se centre en un entorno tan pequeño, que supongo que coincide con el de parte de sus obsesiones, subraya su libertad: en el momento en que más lectores tiene en todo el mundo, después de su segunda obra maestra, El mapa y el territorio (la primera sería Las partículas elementales), Houellebecq ignora las consignas del mercado y escribe su relato más nacional.

 

Michel Houellebecq, Sumisión, traducción de Joan Riambau, Anagrama, 2015, 288 págs.

21 May, 2015
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