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Tan cerca en todo momento siempre

Joyce Carol Oates

OTRAS LITERATURAS

Con cincuenta y cuatro años de trayectoria y más de ochenta títulos publicados, a Joyce Carol Oates se le ha reprochado que pinte un mundo excesivamente violento. Para ella, sin embargo, la crítica es sexista: como autora tiene derecho a trasladar a la ficción la vida como la ve. Y ella ve los Estados Unidos como una nación en que la violencia es un hecho cotidiano; sus personajes sufren presión psicológica y social, están expuestos a crímenes impredecibles y a muertes apocalípticas permitidas por los vericuetos del sistema legal que ellos mismos han instaurado. De ahí que los temas que dominan la obra de Oates sean la afirmación personal, el aislamiento y la liberación por medio de la violencia.

En este conjunto de cuatro nouvelles, las protagonistas son mujeres débiles enfrentadas a lobos con piel de cordero: hombres que al principio parecen amables y afectuosos, pero que gradualmente revelan un cariz manipulador y macabro. En la primera, “Mal de ojo”, la joven cuarta esposa de un destacado intelectual es advertida por la primera esposa, que llega de visita, para que no se engañe: está conviviendo con Barba Azul. Cuando ella compartía la mansión con el coleccionista de esposas, había dejado un talismán contra el mal del ojo —es decir, contra el poder de otro sobre uno—. La protagonista “ve” lo que no ve el destacado intelectual: a la primera esposa le falta un ojo, en su lugar hay una cuenca vacía. También le falta un ojo a la madre del protagonista de la tercera historia, “La ejecución”, luego de que su hijo —un estudiante universitario malcriado— la considere muerta después de intentar asesinarla a hachazos, tal como hizo con su padre. Esta historia, acaso la mejor de las cuatro, presenta —como la mayoría de las obras de Oates— una curva en la trama que nos lleva a un lugar inesperado: el joven asesino no previó el amor sumiso e incondicional de su madre, que sobrevive y transformará su venganza en una amalgama edípica y simbiótica; una muestra cabal del lugar que ocupan estas mujeres, condescendientes y pusilánimes: la madre también “pierde” visión, alegoría de la conducción de la propia vida, de las relaciones ciegas que describe la autora.

En la historia que da título a la edición en castellano, una adolescente naíf conoce a un chico encantador que le ofrece su primera posibilidad de romance. Sin embargo, cuando la relación comienza a florecer, ella se da cuenta de que tras la fachada perfecta de su pretendiente se esconde un maníaco, un enfermo psiquiátrico que mata por decepción amorosa. Por último, en “La plataforma”, una mujer frígida, abusada de niña, le confiesa a su nuevo novio quién fue el abusador. Él se involucra “a la Oates”: con una violencia que, en este caso, si no redime, deleita a los que la viven.

Estas historias de amor desvariado, con mujeres tan vulnerables como infantiles, subyugadas por hombres dominantes, despiertan sensaciones ambiguas: ¿son víctimas trágicas o cómplices de la maldad del hombre? La respuesta debe buscarse en la flaqueza de la identidad individual y el amor asfixiante, en ese espacio bisagra en el que Oates coloca sus ficciones, acaso porque pertenece a una generación que alcanzó a partirle el corazón al machismo para que las escritoras que la siguieran se encargaran de la vivisección.

La traducción de la mexicana Ariadna Molinari Tato es correcta, aunque puede sonar un poco ajena al registro del lector argentino.

 

Joyce Carol Oates, Tan cerca en todo momento siempre, traducción de Ariadna Molinari Tato, Fiordo, 2018, 232 págs.

5 Jul, 2018
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