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Hay partidos de fútbol que nunca terminan de jugarse. El más célebre de todos, el que disputaron Argentina e Inglaterra el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, condensó en media hora los dos goles más comentados de la historia, a la sombra aún reciente de la Guerra de Malvinas. El Partido, el documental de Juan Cabral y Santiago Franco estrenado este año en el Festival de Cannes, se basa en el libro homónimo del periodista Andrés Burgo (Anagrama, 2016), reeditado en la previa del Mundial 2026, y comparte con esa crónica la obsesión por el detalle. Hasta la duración de la película, de noventa y un minutos, coincide con la del partido, como si Cabral y Franco quisieran que el espectador lo volviera a jugar en tiempo real.
La realidad se encargó de darle a la película un epílogo imprevisto. El 15 de julio, a cuarenta años de aquella tarde en el Azteca, las dos selecciones volvieron a cruzarse en la semifinal del Mundial 2026, disputada en Atlanta. La Argentina vistió una camiseta azul inspirada en la de 1986 y dio vuelta el resultado en los minutos finales. La FIFA había prohibido el ingreso al estadio de cualquier referencia a las Malvinas, pero un hincha burló los controles con una sábana pintada esa misma mañana en la habitación de su hotel, que llevaba escondida entre la ropa. Durante los festejos, la bandera bajó de la tribuna a la cancha y tres jugadores la desplegaron ante las cámaras con la consigna “Las Malvinas son argentinas”. En la previa, Lionel Scaloni recurrió a la misma fórmula que Maradona y Bilardo antes del partido original: la promesa de que era “tan solo un partido de fútbol”. La película de Cabral y Franco se pregunta, precisamente, cuándo empieza y cuándo termina un partido.
Para responder esa pregunta, el documental despliega una genealogía de agravios y malentendidos. El primer eslabó ...
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