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TEATRO

El título de la obra, Clara, evoca la tradición del melodrama. Se trata solamente de un MacGuffin y refiere al no-personaje epónimo cuya vida se encuentra en peligro cuando comienza la acción. Clara es la novia de Santiago (Agustín León Pruzzo), quien va a ver al doctor Gabriel Rojas (Javier Pedersoli) para suplicarle que opere a su amada y la salve de un cáncer cerebral. Santiago está, previsiblemente, en estado crítico, pero Rojas no le ahorra por ello los mil y un modos de pequeñas denigraciones, mortificaciones y torturas del sistema médico y la idiosincrasia de sus grandes figuras, que encuentran un oscuro goce en disciplinar con la espera a sus pacientes. Mientras Santiago le refiere el caso de Clara, Gabriel contesta un millón de veces el teléfono y discute morosamente infinidad de minucias cotidianas (por ejemplo, la cena de ese día). Finalmente, como Santiago no cuenta con la totalidad del dinero para pagar la operación, el médico lo despide con una negativa y con la amenaza de llamar a los agentes de seguridad para expulsarlo por la fuerza si no se retira de inmediato.

A partir de este pequeño marco se desarrolla una comedia sólida, en la que la muerte de Clara es sólo la ocasión para que Santiago y su hermano Abel (Claudio Mattos) intenten perpetrar una venganza. Pero los vengadores son dos ineptos y Santiago tiene además estándares morales muy altos y formula constantes objeciones a los planes. Abel, por su parte, es un actor contrariado, que no logra representar su papel. Así, el motivo de la actuación da lugar a una gran cantidad de pasajes de comicidad, mezclados con alusiones a Shakespeare y a la función terapéutica que cumplen muchas veces los talleres de teatro (“la cantidad de gente con problemas que se acerca al teatro”, comenta Abel).

Como dictan las normas de la comedia, la situación se complica, los planes van variando sobre la marcha y los vengadores terminan por secuestrar, sin quererlo, a Gabriel, a quien en un comienzo sólo querían extorsionar amenazándolo con hacer pública su homosexualidad. A esta situación de secuestro involuntario se suman Ramiro (Francisco Prim), el novio de Gabriel, que va a buscarlo porque este no ha llegado a la casa por la noche, y Bernardo (Ezequiel Tronconi), un vecino muy preocupado por la seguridad del edificio, que rápidamente se devela homofóbico, psicópata y codicioso.

La trama es sólida, pero mucho más sólida es la articulación de cada escena, así como las actuaciones, que hacen que la comedia funcione como tal. La trama del secuestro se combina además con la de la vocación de Abel por la actuación y con las diversas tramas amorosas y orientaciones sexuales más o menos negadas o abiertas. Con gran inteligencia, la escenografía fue configurada como una serie de roperos que proveen las puertas de entrada y salida que necesita toda buena comedia, y que a la vez funcionan como metáfora material de las orientaciones sexuales, ya que los personajes entran y salen sucesivamente de los roperos.

 

Clara, dramaturgia y dirección de Sofía Wilhelmi, El Camarín de las Musas, Buenos Aires.

15 Feb, 2018
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