Sirât
Un viaje. Un amor fugaz. Un paisaje extranjero. Un amor impetuoso. Una lengua extranjera. Un amor impensable. Otra lengua extranjera. Un amor caprichoso. Una geografía de pantano. Un amor vivo. Un recuerdo. Un amor vivo. Un refugio. Un amor vivo. Un recuerdo que refugia. La escritura como salvamento.
¿Se dice así?, la nueva novela de Leila Sucari, obtuvo el Premio Fundación María Elena Walsh-Sara Facio 2024 como novela erótica. Y sí, desde la página uno, la voz narrativa de Sucari nos impone el deseo, el placer y el desenfreno como motores inapelables del relato. Pero también, desde la página uno, nos damos cuenta de que el texto bucea por mares mucho más profundos: el lenguaje y su elasticidad; la traducción y su pérdida; el poderío del cuerpo y la poquedad de la palabra; los displaceres de la vida moderna; los contrasentidos de la maternidad.
La protagonista de ¿Se dice así? vive en la Buenos Aires actual. Es madre de tres hijos con dos padres distintos y está separada de ambos. Sofocada por una vida doméstica marchita, casi rota, encuentra en un viaje a Europa una posibilidad de huida. Al menos por un rato. Allí un tren; un encuentro fortuito; la lengua francesa como puente y como muro. La lengua, a secas, como alianza con el goce; el sexo y el exceso, motores de supervivencia; y el otoño que acrecienta el idilio (y también el ocaso) como si la historia se contara dentro de cualquier poema de Sbarra.
La de Sucari es una mujer que escribe para no olvidar, que escribe para petrificar el recuerdo, que escribe para anular la falta, para entender. Una mujer que escribe para poder volver una y otra vez a ese departamento en Madrid, a esa habitación de hotel en Burdeos, a ese olor que es mezcla de otros olores. O, mejor dicho, a esa sensación, a ese sentido, a ese resquicio de libertad.
Si Barthes tiene razón, y el interés del lenguaje radica en que tiene la capacidad de herirnos o de seducirnos, la construcción de la trama de ¿Se dice así? nos acaricia con una mano mientras nos abofetea con la otra. Una potencia que aturde y, a la vez, nos resulta excitante. Porque no, la novela de Leila Sucari no es simplemente sobre una fantasía, sino sobre la necesidad de una fantasía. Sobre el deseo de que una fantasía irrumpa en nuestra vida y nos rescate del ahogo cotidiano en que estamos sumidos. Una fantasía en donde no somos ni nos hacemos con un otro, sino que somos y nos hacemos nosotros con nosotros mismos. Ese punto en el mapa en donde el otro es pura excusa y se disuelve como se disuelve un mal pretexto, una vez que las ansias han sido colmadas.
Leila Sucari, ¿Se dice así?, Tusquets, 2025, 88 págs.
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