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Una exposición

Ieda Magri

LITERATURA IBEROAMERICANA

En el ensayo “Del culto de los libros”, Borges rescata de las Confesiones de San Agustín el momento en que el filósofo observa por primera vez a su maestro Ambrosio practicando la lectura silenciosa, espectáculo para aquel entonces novedoso en relación con la literatura. La imagen capta para Borges “el instante en que tuvo principio el vasto proceso”, tan común para nosotros, de ver a “un hombre en una habitación, con un libro, leyendo sin articular las palabras”. ¿Cuál habrá sido la primera escena en que la literatura dio cuenta de la experiencia de la compasión de un humano al observar cómo se le daba muerte a un animal? ¿O cuál la primera en que quedó expresado que quien presenció ese hecho vio en ese otro que moría a un semejante? En Dar la muerte, Derrida interpreta el episodio bíblico de Noé en términos de una retractación divina y un posterior pedido de perdón de parte de Dios por la aniquilación animal que ha ocasionado su castigo. El arco iris siguiente al diluvio es señal de un pacto con la tierra y una Alianza con el hombre por la cual Dios promete nunca más volver a exterminar a los seres que son su propia creación. Deja en manos del hombre a partir de entonces el dominio sobre todo lo vivo, que le servirá de alimento. La aparición del arco iris actuará para él a modo de recordatorio de ese acuerdo; como signo, será a su vez huella del daño cometido, imagen en el cielo que puede ser interpretada como conmemoración de todos aquellos animales que sucumbieron a causa de su ira.

Hay una imagen onírica que escinde el pensamiento de la voz que narra y de la que ensaya en Una exposición y que lleva a la autora a tener que razonar sensorialmente, de la manera en que quizás lo hagan los vegetales. Un amigo le comparte un sueño en el que hay “una niña vestida de blanco y con el pelo negro largo, que abría un baúl y le ofrecía un corazón todavía sangrante”. Ese cuadro de ribetes cinematográficos lleva además un título puesto por el soñador (que es poeta), un poco al modo de los epígrafes en los grabados de Goya: “El corazón de un animal”. Ieda Magri escribe por fuera de un marco genérico determinado: compone un relato autobiográfico y un ensayo narrativo, una crónica de la vida de granja de una familia campesina, ilustrada con imágenes que funcionan como puntos de anclaje con lo real. Más allá de su encuadre formal, la autora brasileña ofrece un texto potente cuyo corazón es el retorno al lugar del que se procede y del que hace ya tiempo que se ha partido. Una mujer de cuarenta años, “ya impregnada del ritmo y las sensibilidades de la gente de ciudad”, vuelve a su casa de infancia treinta años después de haber abandonado ese hogar en el que faenar a un animal, preparar un embutido de carne de cerdo o entrar en guerra con una colonia de gatos no domesticados era su modo de ser en el mundo.

La prosa de Magri es paciente y precisa, y su yo no es nada estridente. Escribe con los ojos, con su mirada (podría decirse, desde el corazón), delineando y dando forma al recuerdo que se sobreimprime sobre la vivencia actual de tener que repetir el viejo ritual familiar de sacrificar una res vacuna y prepararla como alimento. En un momento, Magri describe precisamente la mirada del animal de granja, transparente y a la vez acusatoria, como la de un sapiente del destino de su especie: “No hay nada más inquietante que la mirada de un buey manso. Nunca parpadea. Se queda completamente inmóvil, sereno, imperturbable, excepto por la cola, que menea inquieto para espantar a las moscas, y de vez en cuando una pata trasera que levanta para ejercer más energía contra ellas. Pero la mirada bovina se mantiene fija y poco a poco se convierte en un espejo de tus atrocidades contra las reses”. El animal como espejo de las atrocidades del hombre. El cuerpo del animal como ajenidad y a la vez semejanza, como distancia infinita con todo otro ser dotado de carne y un corazón. Escribe Magri, pensando en el hombre que ama: “Pienso en cuán dependiente me volví de pronto de la calidez de ese cuerpo que hasta hace poco era como el de la res 45 un día antes de que yo pusiera un pie en el corral. Su cuerpo, antes de ser el cuerpo amado, podría, tan blanco, ser el cuerpo de un animal”.

 

Ieda Magri, Una exposición, traducción de Paula Abramo, Sigilo, 2026, 176 págs.

20 Ago, 2026
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