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Al momento de comprar un auto nuevo, nunca hay que menospreciar su dimensión espiritual. En Tailandia esta noción está tan presente que muchos optan por consagrar sus flamantes vehículos. Llevan el coche a un templo budista donde un monje lo bendice con agua y dibuja símbolos protectores (yantras) con una pasta de tiza blanca en el techo. Como toque final, se amarran hilos sagrados al volante: esto se hace tanto para estabilizar el khwan (espíritu o esencia vital) del automóvil como para apaciguar a Mae Ya Nang, la deidad tutelar cuyo culto pasó de los barcos tradicionales a los vehículos modernos.
Las creencias en espíritus, en dinámico sincretismo con las tradiciones budistas y brahmánicas, continúan operando como la base espiritual y elemental de la cultura tailandesa, por lo que se manifiestan de las formas más variadas. Además de las bendiciones de vehículos, es habitual la utilización de fondos de pantalla en celulares que ofician de amuleto digital o la inscripción de yantras en heladeras de restaurantes, para que el electrodoméstico “tenga buena energía”.
Inevitable y lúdicamente, esta tradición se encuentra en el núcleo de Un fantasma a su servicio (2025), ópera prima del director Ratchapoom Boonbunchachoke, en la que la cosmovisión animista se transforma en el punto de partida para un cuento de hadas moderno y profundamente político. Todo comienza con un ladyboy académico (así figura el personaje en los créditos), triste y abrumado por el polvo omnipresente que levantan los megaproyectos de renovación inmobiliaria que invaden Bangkok. En un intento de enfrentar la situación de alguna forma, decide comprar una aspiradora para limpiar al menos su departamento, pero por la noche escucha una tos misteriosa y al otro día descubre que la aspiradora expulsó el polvo que había succionado. Al buscar ayuda, un técnico le dice que su aspiradora nueva está en perfecto estado, solo hay un problema: está poseída. Entonces le confiesa que conoce el origen de esta maldición, ya que la planta donde fue fabricada estaba habitada por muchos fantasmas. Embelesado por el apuesto semblante del técnico, nuestro ladyboy académico procede a escuchar atentamente lo que este tiene para contar.
La historia gira alrededor de una fábrica de electrodomésticos atormentada por el espíritu de Tok, un empleado que murió durante su jornada laboral tras horas de toser sangre, y cuya forma de protesta obrera de ultratumba consiste en poseer distintas máquinas para sabotear el funcionamiento del taller. A todo esto, durante una investigación alrededor de esta incidencia fantasmal, March (hijo de la dueña de la fábrica) se reencuentra inesperadamente con su esposa Nat, recientemente fallecida por una enfermedad respiratoria provocada por aquel polvo renovador que aqueja la ciudad. Irónicamente, Nat ahora habita dentro de una aspiradora.
A partir de este encuentro, con electroerotismo incluido, se suceden una serie de hechos tan trágicos como irrisorios que llevan a Nat a transformarse en un fantasma que responde a los designios de una élite para la cual la memoria de ciertos muertos es un efecto colateral indeseable que debe ser suprimido. Ante la confirmación de que las manifestaciones fantasmales pueden ser producto de los recuerdos de los vivos, a Nat se le encomienda la tarea de infiltrarse en sueños ajenos para borrar de cuajo cualquier recuerdo que pudiera perpetuar la presencia de ciertos espectros, incluido el de las víctimas de la represión militar en pos de la paz mental de sus victimarios.
De esta forma, desde la distancia del absurdo y la comedia, el director aborda de forma directa y punzante los efectos de la crisis institucional que llevó a la violenta represión de las protestas de los Camisas Rojas en 2010 (con un saldo de más de noventa muertos y cerca de dos mil heridos) y al clima social propiciado por el golpe de Estado de 2014 que se extiende hasta el día de hoy; un sistema democrático todavía condicionado por instituciones no electas y por la arquitectura constitucional heredada del golpe, que durante la última década permitió bloquear, disolver o remover a fuerzas y gobiernos surgidos de las urnas.
En este sentido, Un fantasma a su servicio ensaya un procedimiento análogo al de otra película estrenada este año: I Love Boosters, de Boots Riley, que se vale de una propuesta visual excesiva heredera del blaxploitation y de un argumento impulsado por artilugios típicos de la ciencia ficción para tratar la gentrificación, la explotación laboral y la situación sindical en Estados Unidos. También hay que decir que la sensibilidad y la estética de la película tailandesa tienen reminiscencias en la vernácula Crónicas de una santa errante (Tomás Gómez Bustillo, 2023), donde lo mágico y lo mundano convergen para representar la vida después de la muerte, o lo que sea que esté entre una cosa y la otra.
Quizás por todo esto, detrás de tanta aspiradora poseída, Un fantasma a su servicio termina versando sobre algo mucho menos fantástico: quién tiene derecho a permanecer en la memoria y quién tiene el poder de decidir qué debe ser olvidado.
A Useful Ghost (Tailandia/Francia/Singapur/Alemania, 2025), guión y dirección de Ratchapoom Boonbunchachoke, 130 minutos.
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