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Carla Barbero, curadora de Arrobada (la tercera muestra individual de Belén Boeris y la primera del año en la galería Casa Proyecto), tomó como epígrafe para su texto de sala un verso de SOPHIE, productora, cantante y compositora británica, que puede leerse como punto de partida para pensar toda la propuesta de la artista. “I’m real when I shop my fase” es una reivindicación del derecho a tener el control completo de la apariencia, tanto física como digitalmente, en pos de construir una nueva belleza que trascienda los límites de la naturaleza, algo que, viniendo de una mujer trans y activista como SOPHIE, también habla de trascender las barreras del género.
En Arrobada, la materialidad le da la forma al cuerpo: Belén Boeris corta primero el papel y después dibuja. De esta forma decreta que lo físico está primero, que es la materia el verdadero territorio para la experimentación. Con este procedimiento nace La señorita V (la personificación de un virus digital en el mundo real) y también dos chicas de piernas larguísimas, una lámpara hecha de dedos y un perro con cuerpo de zapato que completan esta idea de que lo corporal no es un destino final, sino un punto de partida. Una forma que recuerda las definiciones que ciertas corrientes tecnofeministas hacen del terreno de la biología: un espacio "sujeto al cambio por derecho propio", como dice Helen Hester en Xenofeminismo.
El resultado es un mundo real que parece intervenido digitalmente, una vida “photoshopeada”. En esta muestra (a diferencia de las anteriores de Boeris), la experimentación pasa por la capa externa del cuerpo. Lo que se tematiza es la apariencia. Hay un mundo perturbador que se infiltra y modifica las formas de ver y presentarse: el mundo digital, internet y la inteligencia artificial. Mundos que para teóricas como Legacy Russell en Glitch Feminism (2020) son un territorio de libertad y exploración absoluta, partiendo de la base de que los cuerpos queer y racializados están en peligro en el mundo AFK (away from keyboard, “lejos del teclado”). Internet es el territorio en el que estos glitches del sistema pueden experimentar con su género y su sexualidad libremente, performar su identidad, conocer el deseo, el placer y el poder.
Para alguien como Russell, de internet pueden emerger con fuerza los “errores” capaces de desestabilizar el capitalismo, el patriarcado y todas las estructuras del mal. Para Boeris, a su vez, el universo digital es simplemente aterrador. Impulsada por este miedo a lo desconocido, intenta entender qué es la IA y cómo afecta nuestra identidad y nuestro estar en el mundo: atravesando la escena de monstruos risueños de la realidad, entramos al universo digital, en el que la IA es una DJ de una rave líquida, dibujada en blanco y negro, en contraste con el color explosivo del mundo real. Junto a ella, dos Arrobas bailan como si no tuvieran materia, con sus cuerpos ondulantes, casi como si flotaran. El cuerpo, el papel y la forma son el centro de la realidad; en internet, la forma humana es la mejor manera que la artista tiene de protegerse de algo que desconoce.
Además de la fiesta de la IA, tenemos a La Arroba, monstruosa y sin cuerpo, literalmente una "@" devorándose un cerebro humano. Boeris piensa en los efectos de la etiqueta, las redes sociales, los filtros y los códigos virtuales en nuestras presencias físicas y los percibe como una amenaza. Su respuesta es dibujar para entender, y también, entender como forma de dominar. No investiga a fondo el funcionamiento de estas tecnologías, sino que elige sus herramientas seguras: pinceles, lápices, papel e ilustración. Los cuadros del mundo digital tienen un despliegue técnico más fino y una forma tradicional. Mientras la realidad es un territorio de exploración infinita con el cuerpo, en internet hay una necesidad de ser un poco más conservadora, como quien pone un pie sobre un camino de apariencia sinuosa que se dispone a recorrer por primera vez.
Los cuerpos transformados por el ingreso de lo digital a lo real en Arrobada insinúan una pregunta: ¿esta intervención física es una posibilidad emancipadora o es una condena? Este escenario de conversaciones tontas, vestidos de moda y caras que se ven todas iguales por cirujanos plásticos que usan como guía un filtro nacido en las redes sociales, ¿es realmente el triunfo de la soberanía sobre el cuerpo? ¿Qué tan divertida es realmente nuestra forma vivir entre internet y lo real? ¿No estamos todos descomponiéndonos de a poco detrás del filtro "Baby Face" de una historia de Instagram?
Belén Boeris, Arrobada, curaduría de Carla Barbero, galería Casa Proyecto, Buenos Aires, 28 de marzo – 30 de mayo de 2026.
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