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La novela del fantasma

Beatriz Catani

LITERATURA ARGENTINA

Desde sus inicios, en su dramaturgia, sus puestas en escena, sus performances e intervenciones, Beatriz Catani se ha preocupado por pensar las condiciones de producción, la relación de la obra y lo real, el arte y la historia, la experimentación con el tiempo, el espacio, entre algunos de sus principales interrogantes. Su primera novela no es la excepción. Y las preguntas que esta ensaya y suscita tienen que ver en gran parte con su génesis: la escritura de la tesis doctoral de la autora sobre los usos del archivo para la recuperación de obras escénicas y sus contextos. “Escribí La novela del fantasma en paralelo a mi tesis doctoral, como un gesto, quizás, de resistencia frente a la escritura académica formal. Deriva de un pensamiento teatral y está construida a partir de tres voces que […] funcionan como artefactos narrativos surgidos de imágenes de un archivo personal, donde se inscriben, inevitablemente, los rasgos de una época. ‘Extremar las condiciones poéticas’, dice Yo, y sostiene una pregunta central: cómo registrar aquello que, inevitablemente, se perderá”.

En este sentido, el carácter autorreflexivo de la escritura respecto de lo biográfico y de la creación, las tensiones de los límites genéricos, tanto académicos como literarios, no son meros artilugios estéticos sino un modo poiético de hacer lugar a las experiencias vitales. Los años de trabajo en las obras del pasado y del presente, las voces de personas cercanas a esas producciones, las irrupciones de imágenes, las conversaciones, la deriva de las lecturas, los pensamientos e incluso los sueños toman la forma de un juego que Ariel Farace logra expresar de manera clara en uno de los textos de contratapa:  la autora rastrea la historia de un cuerpo en las obras que crea, “se divide, se amplía y se rasga” en voces que escriben y se narran, inicios y finales, obras (lo hecho) y preparaciones (“lo del porvenir que ya está siendo”). Las imágenes de un archivo personal —reflexiona Farace— son presentadas como huellas incomprensibles, preguntas que insisten en ser multiplicadas. Ella, Yo, El Fantasma son artefactos narrativos, fantasmas ante los cuales lo íntimo se expande y desnuda la época.

Yo trabaja en su tesis y decide que Ella escriba sobre imágenes de su álbum personal, quizá porque Yo no puede escribirse a sí misma, ser sujeto “autorizado”, por pudor, angustia, o solo para poder concentrarse en su investigación. Ella escribe entonces “La historia hacia atrás”, escuchando a Yo e imaginando, en el presente, relatos posibles de esas imágenes. Simultáneamente, Yo registra sus anotaciones en un cuaderno, “Cuaderno de Yo”, la segunda parte de la novela. El tiempo, el espacio y la subjetividad se multiplican y diseminan en el acontecer de esta escritura. Como señala Óscar Cornago también en la contratapa, se trata de escribir para sostener el tiempo, los tiempos: “Volver a desconocerlo, despertarlo en su justa medida, escondido en los detalles, las sombras, los reflejos, de nuevo extraño y familiar”. El recurso de la conversación significa un momento de espera y atención a lo que el otro, los otros, los fantasmas, tengan para decirnos: “los que ya se han ido, los huecos, lo que nos mira”.

Y “nos mira” porque resuenan nuestros lugares, sus relatos, del pasado y del presente, tan conocidos como ajenos. Y “nos mira”, además, en el sentido de que su exploración sobre la temporalidad y la espacialidad se proyecta hacia el terreno de la lectura: por su brevedad, su estructura y su pregnancia poética, podemos recorrerla de una sola sentada; por su carácter fragmentario, su pulso, es posible ensayar recorridos personales que no necesariamente sigan el orden propuesto y sus movimientos, sino el azar de sus intermitencias, la focalización de sus encuadres, citas y transcripciones.

¿Cómo escribir los bordes difusos entre memoria y arte en diálogo con la historia? ¿Cómo (re)escribir la historia personal y las propias obras, las hendiduras en la continuidad de los relatos y las cronologías, a partir de producciones y pensamientos de otrxs, de los rumores de la cultura? ¿Cómo, desde allí, abrir perspectivas de futuro? ¿Quién sería capaz de narrar? ¿Una primera persona protagonista? ¿Una voz externa a los hechos? Acaso el Fantasma, entre huellas y reflejos de la subjetividad, pueda jugar a novelar la experiencia; tomar el riesgo, el impulso poético y afectivo, de ser quien la escriba.

Beatriz Catani, La novela del fantasma, Cámara Oscura / Malisia, 2025, 90 págs.

4 Jun, 2026
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