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Factory of the Sun / The City of Broken Windows

Hito Steyerl

ARTE

En una charla que tuve con un profesor, amigo y colega que conservaré en el anonimato, hablábamos sobre la inteligencia artificial. Me recomendó el trabajo de Hito Steyerl. Recuerdo en ese momento haberle dicho que me costaba entender su obra, a lo que él me respondió: “eso es bueno”. A partir de ahí me propuse descifrar lo que Hito Steyerl nos trata de decir, al tiempo que intentaba comprender por qué es bueno no entenderla del todo.

Sus investigaciones se centran en el trasfondo de la inteligencia artificial, las tecnologías de vigilancia y los flujos digitales; mecanismos que explora en la obra “Factory of the Sun”, parte de la muestra FABRIK, presentada en el pabellón alemán de la 56ª Bienal de Venecia de 2015 y actualmente expuesta en PROA21. Steyerl crea allí un espacio inmersivo con una grilla tridimensional que simula un estudio de filmación digital y extiende el de la pantalla y, apropiándose de distintos géneros de consumo masivo de la web (noticieros, videoclips, filmaciones de drones), despliega una ficción crítica de los poderes del mundo virtual, narrada en otro formato popular (el videojuego), redireccionado en la estela de Chris Marker y Harun Farocki. Más que resistir los nuevos lenguajes, la obra los incorpora y los refuncionaliza con una mezcla de humor e ironía.

Pero Steyerl se interesa además en la construcción de bases de datos y el papel de los museos de arte contemporáneo. Me gustaría detenerme en este último. Y lo hago porque hace poco me topé con un libro llamado The Private Museum of the Future, con tapa blanca y una tipografía en itálicas que podría confundirse con un diseño de Steyerl para su más reciente instalación, un site specific para el Castello di Rivoli, en Italia. La muestra, The City of Broken Windows, presenta un audio que invade la sala del edificio Manica Lunga del Castello. Acompañada por dos vídeos, uno en cada extremo de la habitación, la instalación se convierte en un extenso pasillo, en apariencia vacío, con textos que invitan a ir recorriendo la muestra. La obra, tanto cinematográfica como arquitectónica, termina con un detalle casi imperceptible en uno de los cristales del edificio que parece estar roto, un supuesto accidente o, quizás, un gesto de la artista. Esa imagen quedó grabada en mi mente.

Días después, investigando en Internet, descubrí la teoría de las ventanas rotas, de James Wilson y George Kelling, a partir de un experimento realizado por el psicólogo Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford en 1969. El experimento se realizó en varias zonas de la ciudad de Nueva York. La teoría construye la siguiente afirmación: si en un edificio aparece una ventana rota y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de las ventanas acaban destrozadas. Un efecto dominó. No puedo dejar de ver la ventana, rota o no por Steyerl, y volver a pensar en el libro que antes mencioné, donde se reúne una serie de entrevistas a los directores y fundadores de las principales fundaciones, museos y colecciones privadas, responsables de un nuevo paradigma en la producción, circulación y conservación de arte contemporáneo.

Resulta interesante la pequeña —aunque no en tamaño— intervención de Steyerl en el Castello di Rivoli. Al entrar en la sala, el sonido de los vidrios rotos hace vibrar las paredes del edificio histórico. La artista ha producido dos vídeos documentales que se muestran apoyados en atriles de madera, como si se tratara de una pintura en proceso. En el primero, tres personas rompen con martillos los cristales de pantallas que una empresa de tecnología desarrolla con la intención de medir la capacidad de las computadoras para percibir el sonido de las ventanas al romperse. El televisor se encuentra delante de un lienzo pintado en gris que tapia una de las principales ventanas de la sala y que fue producido por Chris Toepfer, quien además aparece como protagonista del segundo vídeo: otro documental, esta vez sobre cómo varios artistas se han organizado para pintar ventanas falsas en los vecindarios de Nueva Jersey y así producir un efecto de antideterioro. Entre el decorativismo, lo teatral y la incapacidad de ver hacia afuera.

No estoy muy seguro del efecto que puede producir Steyerl con esa pequeña rotura en el cristal, pero me ha hecho repensar el impacto de un museo. De lo único que estoy seguro es de que voy entendiendo sus intereses. Una artista preocupada por las fuerzas de causa mayor, cuya estrategia es señalar detalles mínimos para cuestionar una parte de un cierto orden sintáctico. Una lógica de la conciencia, existencial, propia de un poder superior que diseña y construye espacios para pensar sobre las formas de vida y los espacios en que vivimos. Nunca para encontrar certezas, sino para plantear nuevos interrogantes sobre los modos en que podemos resistir o, incluso, para hacerles frente.

 

Hito Steyerl, “Factory of the Sun” [Fábrica del sol] en Fabrik, curaduría de Florian Ebner, PROA21, 18 de mayo – 14 de julio de 2019; The City of Broken Windows [La ciudad de las ventanas rotas], curaduría de Carolyn Christov-Bakargiev y Marianna Vecellio, Castello di Rivoli, Turín, 1 de noviembre de 2018 – 1 de setiembre de 2019.

27 Jun, 2019
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