Inicio » ARTE » Obito display

Obito display

Benjamín Felice

ARTE

En los últimos años se sumó a las conocidas (y casi tradicionales) plataformas más bien intimistas donde se venía desarrollando el arte contemporáneo porteño —desde livings de casas y locales hasta galerías y museos de un puñado de metros cuadrados— la modalidad internacional(ista) del galpón. Un nuevo jugador se ha unido al juego.

Uno de ellos es Móvil, proyecto de Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte alojado en un sector de una ex fábrica de asbesto en el barrio de Parque Patricios de la ciudad de Buenos Aires. Al llegar al lugar, encontramos un patio descubierto. La edificación empieza un poco más atrás, a unos veinte metros, y al ingresar nos rodean concreto, metal y vidrio. Las molduras de casa grande y antigua, la madera, el recoveco, que en general cobijaban las obras hasta hace unos cinco años, resuenan por su ausencia en el recuerdo. Ya no más escaleras a subsuelos ni pasillos laberínticos. Estas nuevas formas, sus materiales y dimensiones responden a necesidades productivas del amianto, goma y afines. Este lugar nunca fue hogar de nadie. Una escalera, un gran hall a continuación, y nos encontramos en la antesala de Obito display, segunda muestra individual en esta ciudad del tucumano Benjamín Felice.

Display: término en inglés para pantalla o exhibidor de algo. Obito: palabra casi en desuso. Después de una rápida búsqueda: fallecimiento, pero más importante, término legal, médico. Nos recibe una puesta en escena trescientos sesenta grados. Nos informan que no se puede pisar la sección de alfombra blanca que contiene una serie de objetos alineados en su eje central: una gran cama que cuelga de cadenas que la atan a una porción de falso techo bajo, a la altura de un brazo estirado; un atril para suero con “cosas” colgando y dos estanterías con “cositos” de menor tamaño. Por fuera (pero ahí cerca) de este área central delimitada tan pulcramente por alfombra y techo blanco prístino, se erige, bajo el yugo del eje central, algo similar a la estructura autoportante de una publicidad de vereda. De esas que tienen luz adentro y sirven para iluminar las calles de noche.

Nos envuelve una especie de ruido blanco, un flotar hecho sonido, como oleadas. El espacio vacío, lleno de aire y con personas en la sala, vibra diferente que en cualquier otro momento. Los tubos dispuestos en el falso techo producen una luz a la vez plana y puntual. Así, el tejido atómico que es todo y todxs parece palpable. Cosas y cositos dan toques de color al ambiente blanco estéril de la puesta: ligeros amarillos, verdes y anaranjados complementan la paleta de grises. Cosas y cositos, aparentes órganos ordenadamente dispuestos en las estanterías y atril, suturados con precintos plásticos, entre pipetas, bandejas y campanas. Ahora, fuera de sus organismos originales, se volvieron pequeñas esculturas de yeso coloreado. Hasta el backlight fue invadido por estos fragmentos ya sin vida, colgados allí como pura experiencia estética.

La cama recién hecha por un invisible, con sus sábanas blancas y sin detalles hogareños ni marcas de uso, llama la atención por su tamaño. No sigue las proporciones de un ser humano. Toto, me parece que ya no… Como si hubiéramos sido abducidos y entrado en una película de ciencia ficción clásica, Obito display nos envuelve y transporta.

Esta es una muestra de galpón, nada tiene de íntimo o mullido. Reina una mirada fría, desapegada de los objetos. No parecería haber un sujeto individual intentando hacernos sentir, como en los dramas griegos, que trataban de producir una catarsis en el espectador, o en las maneras y poéticas (no dichas) que reinaban tan indiscutidamente durante las casi dos décadas anteriores en el arte contemporáneo local. En Obito display se siente con el cuerpo. Como cuando uno se quema por primera vez y miramos nuestra mano adolorida, mientras los segundos pasan sin entender del todo cómo es que acción y sensación se unen dentro de esas llamas danzantes.

 

Benjamín Felice, Obito display, Móvil, Buenos Aires, 1 de septiembre – 13 de octubre de 2018.

 

11 Oct, 2018
  • 0

    Dioses invisibles

    Hugo Aveta

    Mariano Horenstein
    23 Jun

    El ascensor sostiene el viejo edificio como una columna vertebral protésica. No conduce al visitante a la cápsula de un cohete sino a un espacio detenido en...

  • 0

    Y ya no sé si es hoy, ayer o mañana

    Cecilia Szalkowicz

    Graciela Speranza
    16 Jun

    Con un estallido de color y a gran escala, la fotografía se reinventó en los ochenta, renovó la ambición estética perdida bajo el imperio de la Instamatic...

  • 0

    Yente Del Prete. Vida venturosa

    Yente / Juan Del Prete

    Patricia Di Pietro
    2 Jun

    Yente Del Prete. Vida venturosa reúne por primera vez en una exposición la obra de Juan Del Prete (Vasto, Italia, 1897 – Buenos Aires,...

  • Send this to friend