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ARTE

En nuestra experiencia urbana, el vivero se propone como un espacio extraordinario donde se puede comprar la fantasía de llevar un fragmento de la naturaleza al hogar. En contrapunto con la vida manufacturada de la ciudad, las plantas parecen poseer el encanto de lo primigenio. Sin embargo, este engaño de una naturaleza fertilizada y comercializada como pura no hace más que señalar su artificio: el carácter mitológico de la ya caduca distinción entre naturaleza y cultura.

En Vivero, la muestra de Nana Schlez y Faktor con curaduría de Irene Gelfman, nos encontramos ya no con una naturaleza domesticada, sino con naturalezas-otras que permean los límites de nuestras concepciones de lo orgánico y lo artificial. Pensando-con Donna Haraway, las piezas que habitan Acéfala Galería “señalan apretados acoplamientos inquietantes y placenteros”. Plantas, objetos, máquinas, representaciones y artificios se imbrican en el espacio; nos invitan a atravesarlos, impulsadxs por sus destellos fluorescentes, la seducción de sus curvas y filos, sus ataduras y pequeños gestos escondidos.

Ejercitando un paisajismo absurdo, Nana Schlez construye en la sala de ingreso un oasis donde brotan tanto plantas como imágenes de conos y caños, sus réplicas en cerámica, ruedas y videos de cascadas y gaviotas, ensambles delimitados por cintas reflectivas o de tránsito. Proliferan objetos que en el entramado urbano señalan instancias de construcción y destrucción, y que al ser incorporados en las instalaciones se recontextualizan: ¿qué mutaciones señalan ahora?, ¿de qué procesos nos alertan? En su falta de jerarquía y su carácter lúdico y barroco, estas piezas cifran la apertura a otros juegos de ensamblaje y convocan a que nuevos objetos de lo cotidiano ingresen al caleidoscopio.

Faktor propone un descenso al submundo; el tránsito hacia un laboratorio radiactivo. Como vísceras de un cuerpo expuesto, las máquinas invaden el espacio desplegando sus tubos, cables y cadenas. Estos artefactos cercanos a lo geológico cobran vida y se animan con el pulso vital de sus ritmos y fluidos. En las pantallas y pequeños visores, formas orgánicas parecen estar en proceso de sintetización: es este el territorio de la imaginación de las máquinas, donde elucubran su lenguaje, sus imágenes, sus organismos. Tan autómatas, tan emancipadas están de lo humano que no dejan casi lugar para nuestro recorrido y nos abrimos paso con cautela entre sus tentáculos.

En su totalidad, la muestra parece indicar que la frágil fantasía de arriba se engendra o se retroalimenta de aquello que circula en el mundo subterráneo. Vivero nos presenta vitrinas que contienen un mundo cubierto de un verdor nitrogenado; ya no importa qué es el origen y qué la intervención.

Nana Schlez y Faktor, Vivero, curaduría de Irene Gelfman, Acéfala Galería, Buenos Aires, 26 de marzo – 30 de abril de 2022.

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